“No me gustan las estructuras” dice Benjamin Amadeo y se muestra como un hombre relajado. Si bien su salto a la fama fue debido a la actuación, hace poco lanzó su primer disco llamado Vida lejana. Amor, música, y futuro en la visión de un actor que prefiere no marcarse límites.  

Texto. Mauro Albornoz / Fotos. Ana Grucki


Cuando cae la tarde primaveral sobre un bar del barrio porteño de Palermo, llega Benjamín al lanzamiento de prensa de la película La Última Fiesta. Un tranquilo intranquilo. Así podríamos definirlo. Parece desprender una personalidad dúctil que se expande o se repliega de acuerdo con lo que la ocasión pida. Interpreta a malvados en novelas pero también puede disfrazarse de Shakira en un show en vivo. Así de versátil es en persona. Reflexiones de una mente en constante cambio.

Estudiaste Cine, Publicidad y Comunicación Social pero no terminaste con las carreras. ¿A qué se lo atribuís?

Siempre tuve el ímpetu de querer acercarme a tener una carrera de grado y probar. No me fue bien. Me cuesta mucho el aula. Me gusta aprender pero no la dinámica de la enseñanza.

Al poco tiempo actuaste en la película Un novio para mi mujer y dijiste que fue un quiebre en tu vida. ¿Por qué te marcó tanto?

Porque fue arrancar a actuar en primera. Teníamos un equipo sobresaliente con actores como Adrián Suar y Valeria Bertuccelli. Fue un quiebre desde el momento del casting. Todo el proceso. Aunque mucha gente no me ubica por ese personaje, después de hacerlo fue cuando empecé a sentir la popularidad en la calle. Me fui instalando en el imaginario de las personas y me fueron conociendo.

Estuviste dos temporadas en la tira Casi Ángeles. ¿Qué significó esa etapa?

Un aprendizaje. Fue una experiencia increíble desde lo humano, lo laboral y lo profesional. Lo separo porque lo laboral fue el trabajo en sí pero lo profesional es el enfoque de lo que uno aprendió. Un proyecto de Cris Morena te hace dar cuenta de lo mucho que te gusta trabajar porque te exige un montón. Agradezco lo que hago porque tengo la suerte de laburar de esto. El proceso de Casi Ángeles me permitió acercarme más a un público adolescente que creció conmigo. Además, me llevó a distintas partes del mundo. Fue una experiencia única.

¿Volverías a hacerlo?

Absolutamente. Me tiene que gustar lo que vaya a hacer. Desde que me levanto me tiene que motivar. Yo voy a actuar y a cantar. Si después el proyecto explota o no, ya no depende mí.

Luego interpretaste el personaje malvado de la novela Señores Papis y contaste que la gente te insultaba por la calle. ¿Cómo recibiste esa respuesta?

Me parece increíble. Es fascinante que te crean el personaje. Saber que persuade. Siempre y cuando sea con respeto y límite, es una especie de halago raro. No está bueno que se repita todo el tiempo pero fue una experiencia nueva porque en Casi Ángeles no era tan malo. En Señores Papis representaba a un tipo desagradable y golpeador. Fue un papel fuerte y seduce saber que podés provocar.

Al mismo tiempo, hacías Tu Cara Me Suena. ¿Cómo fue combinar la dinámica de trabajo con roles tan disímiles?

Una locura. Fue un año espectacular. Una disociación muy grande entre el humor del show en vivo, cantar y apelar a lo histriónico, y después meterse, durante el día, a hacer de un papel que genere miedo. Tenía que ser una amenaza constante para la pareja protagónica. Era un personaje controvertido y tenía que disociarme constantemente.

¿Y el juego de cambiar las facetas fue difícil?

Fue una linda gimnasia. Lo celebro y agradezco. Se trató de un merito también de los productores y de Tomás Yankelevich que me permitió hacer las dos propuestas en simultáneo y que confió en mí.

Ahora se estrenó la película La última noche que se desarrolla en una gran fiesta y tu personaje es un descontrol. ¿Pasaste por esa etapa en tu vida?

Lo vivo pero en pequeñas dosis. Es algo que necesitás para desconectar, para sentir adrenalina, o tener una conexión con tu lado divertido. Igual tuve una adolescencia movidita (risas).

Y además es tu retorno a la pantalla grande…

No sé si alguien me estaba esperando. Pero para mí sí. El cine es como correr en fórmula uno. Es una pasión que uno hace a veces.  Dejé de lado muchas cosas por este proyecto. Desde el primer momento que me contaron quiénes estaban involucrados dije que sí. Hubo mucho trabajo previo para llegar al set con una comedia precisa y delirante. Tenía muchas ganas de hacer este tipo de película.

Por otro lado, hace unas semanas lanzaste tu primer disco Volaré. ¿De qué modo viviste el proceso de realización?

Lo vivo con mucha movilización porque son canciones que hice yo. Estuve involucrado en todos los procedimientos del disco. Desde el primer demo hasta el día que se empezó a imprimir. Significó un proceso de coraje y que hay que animarse a hacer. La producción duró aproximadamente ocho meses porque en el medio frené para hacer la peli.

El videoclip muestra cómo es la fabricación de una cadena… 

Sí, la canción habla de la libertad y de lo que llamo los “confusos deseos de libertad”. Pienso que para hablar de libertad tenés que saber de qué están hechas las cadenas. Entonces fui a una fábrica y filmé todo el proceso. Desde el principio a fin. Me pareció interesante como metáfora. Utilizar esas imágenes tan frías en contraposición a una canción tan cálida. Me hace muy feliz el disco.

Hablando de felicidad, en una entrevista aseguraste que “si uno está dispuesto a amar tiene que ser a muerte”. ¿A qué te referís?

El acto de amor lo considero vital, fundamental  y profundo. Creo que no se ama a medias.