En el siglo XXI y acercándonos al 2022, entran en duda muchas construcciones sociales y roles que se cumplen en la sociedad. Uno particularmente difícil de entender es el de la primera dama, o primer caballero. Este segundo mencionado como una aclaración ya que, en un mundo donde todavía queda mucha misoginia, la mayoría de los jefes de estados son hombres y sus cónyuges mujeres. 

Desde WATT analizamos este rol y cuestionamos su existencia. 

Por: Belu Prieto (@belucomiendoenlugares) | fotos: GTRES, Regis Duvignau via REUTERS, Andreas Gerbert via REUTERS, Roberto Schmidt via AFP, Instagram, AFP


Primera dama o primer caballero es un cargo y título protocolar que se le otorga al cónyuge, pareja o familiar de la persona que ejerce la Presidencia de la Nación. La tradición comenzó en Estados Unidos a mediados de los 1800 y llegó a Latinoamérica en los años ´30. 

Hoy, gracias a los avances feministas y debates de género e igualdad, este rol protocolar es cuestionado. 

¿En serio es necesario que la pareja de quien gobierna un país dedique su vida a ser consejero/a y organizar eventos y acciones sociales? Creemos que no. 

Además, tenemos el gran ejemplo de Joachim Sauer, que casi nunca acompaña a su pareja en actos oficiales de Gobierno. Es el esposo de Angela Merkel, canciller de Alemania, y él mismo ha declarado que “no le gusta ir donde no tiene nada que aportar” ni tampoco “quiere hablar de lo que no sabe”. 

Estudió química y a eso se dedica. Es catedrático de Fisicoquímica en la Universidad Humboldt de Berlín y ya hace un tiempo figura entre los posibles candidatos a un premio Nobel. El consejo y compañerismo entre la pareja es privado y mutuo, no un rol político. 

En nuestro país, la situación es otra. 

Sin importar ideologías políticas, desde Juliana Awada hasta Fabiola Yánez, el rol de la primera dama en la Argentina sigue siendo uno retrógrado, de protocolo y compañía al Presidente. 

No queremos cuestionar a estas mujeres, sobre todo si ellas mismas tomaron la decisión personal de dedicar su vida a aquel rol. Pero sí cuestionamos la existencia de las primeras damas en general, porque – como recientemente se supo – parte del presupuesto del estado está destinado a ellas. Y, aunque hay escasa normativa que regula el papel del cónyuge del Presidente, le caben derechos y obligaciones. 

En la Argentina, una primera dama no es funcionaria pública ni adquiere un sueldo del Estado. Pero, entre otras cosas, tiene derecho a recibir asistencia de la Secretaría General de la Presidencia y a hacer uso de determinados bienes (como casas, autos, helicópteros, etc.) y servicios, que provienen de fondos públicos

¿Por qué existe este rol en la sociedad? ¿Por qué se le da esta posición al/a la cónyuge de quien gobierna el país? ¿No sería mejor si, como hace Joachim Sauer, la pareja del/de la jefe/a de estado no toma un rol protocolar que en realidad es innecesario? 

Recientemente, Joe Biden asumió como Presidente en Estados Unidos y su esposa dio el ejemplo. Aunque este es un país que históricamente mantiene el rol de la primera dama, Jill Biden anunció que no renunciará a la universidad en Virginia donde da clases de inglés hace décadas. No tomará el rol, considerado clasista también por algunos, que la sociedad norteamericana impone. 

Ese es un paso en la dirección correcta. 

Con el 2022 ya en la mira, ¿no es hora de dejar estos roles protocolares e innecesarios atrás? Claramente vienen de una época en que la mujer estaba en completa desigualdad con los hombres y, al ser esposa de un Presidente, lo único que podía hacer era acompañarlo y aconsejarlo. ¿En serio un rol que surgió de ese tiempo en la historia sigue existiendo? Como hicimos y seguimos haciendo con muchos ámbitos en la sociedad, llegó la hora de avanzar con este y dejarlo atrás.