Hace 8 semanas HBO estrenó la serie que promete marcar a toda una generación. Strass, disidencias, abortos, salud mental y adicciones. Watt ya te avisó.

Txt Abril Chiesa @un_heladito


Si fuiste adolescente en 2010 seguramente miraste Skins. Quizás es un poco peligroso ser menor de edad y tener de ídola a Effy Stonem, una perturbada joven de 15 años que no habla de sus sentimientos, se disfraza de segura y se droga mucho pero mucho.

Si ahora sos joven adulto probablemente ya reflexionaste que Skins, aunque es un proyecto audiovisual inglés bastante bien logrado e icónico, romantiza por demás a los estupefacientes. Pero los Centennials, pese a quién le pese, están mejorándolo todo. Euphoria es una serie poco hipócrita, retrata las problemáticas propias de este período pero sin dejar de mostrarte el lado b. Los ocho capítulos de la primera temporada exhiben las consecuencias psíquico-emocionales de las drogas, de la distribución de nudes (fotos de desnudos) por internet, de usar apps para encontrarse con desconocidos siendo menor de edad y de no hablar de lo que te pasa.

Relaciones tóxicas, cuerpos diferentes, salud mental, padres conflictivos, traumas, abortos, bisexualidad, todo es relatado de manera reflexiva y sensible. El creador, Sam Levinson, se inspiró en su propia historia para poder hablar sobre la ansiedades de ser joven. “Quería hacer algo que no se apoyara en los personajes diciendo lo que sienten, porque uno de los aspectos claves de ser joven, y uno de los más difíciles, es no saber decir cómo te sientes”, explicó Levinson que también asumió que la protagonista, Rue (Zendaya), es su alterego adolescente.

¿Por qué Euphoria es revolucionaria? Porque conversa con los espectadores sobre distintos individuos sociales despojándolos de su condición tabú y complejizándolos.

El universo de la serie es un suburbio del estado de Nueva York, un colegio de secundaria con casilleros, lo típico de las películas yankees, pero los personajes no se instalan en el lugar estereotipado que suelen ocupar en este género.

Jules (Hunter Schafer) es la chica nueva y el motivo por el cual Rue, la protagonista, decide cuestionarse su adicción a las drogas. Está lejos de ser el personaje trans que lidia con el drama de ser la chica trans. Si bien en el capítulo que relata su historia descubrimos por todo lo que tuvo que pasar para habitar su identidad, los demás personajes no la marginalizan, ni la encasillan. Al contrario, Jules es una completa RockStar.

Kat (Barbie Ferreira) es una estrella de internet, escribe fan fictions de One Direction (sí, increíble) pero en la vida real se siente poco atractiva por no tener un cuerpo canónicamente bello. Al final del primer capítulo, Kat descubre que si deja de ponerse en el lugar de la “no gustada” y se apropia de su propio deseo, puede tener una vida sexual igual de excitante que la de sus compañeras. Igualmente, Euphoria no se queda en la reflexión simplista del “ámate a ti mismo” y muestra que el bodyshaming (que te critiquen por tu físico) es algo con lo que los cuerpos disidentes tienen que lidiar constantemente.

Otro aspecto maravilloso de esta serie es que no hay “Mean Girls“.

Las chicas populares conviven con las protagonistas en un estado de sororidad, que no es lo mismo que amistad. Es decir, no están en guerra. Los enemigos son otros.

Los guionistas deben haber hecho una investigación exhaustiva sobre los niveles de atención de las generaciones más jóvenes porque Euphoria utiliza recursos narrativos audiovisuales dinámicos e ingeniosos que te mantienen expectante todo el capítulo, sin chequear notificaciones del celu. Pero otra gran parte del mérito se lo lleva tanto los musicalizadores, como los estilistas. En estos últimos días, la maquilladora, Doniella Davy, se convirtió en otra estrella del show. ¡Gugleala! Que no te quepa ninguna duda que se viene una temporada de instagramers queriendo imitar los makeups de cada uno de los personajes. Mis favoritos son los de Maddy.