La actriz, cantante y docente nos compartió de qué va, “Escapar de casa”, la propuesta que armó cuando comenzó la cuarentena obligatoria para que sus alumnos pudieran seguir entrenando sin tener que salir de sus hogares.

Aunque confiesa que, al principio, sentía cierta resistencia sobre unir el mundo virtual y artístico, después lo utilizó a su favor y se produjeron resultados más que positivos con sus alumnos.

Texto:  @carotopolaperiodista / Fotos: @palusirven


La actriz, cantante de @plastilinamusica, y docente, Palu Sirven, quien se hizo conocida algunos años atrás por su participación en la exitosa tira de Disney, Violetta 2, fue entrevistada por WATT y compartió detalles entrañables del taller teatral que brinda para sus alumnos de forma online.

 ¿Por qué decidiste llamar a tu taller de actuación “Escapar de casa” ?

El nombre surgió de la necesidad de armar un espacio para explorar la actuación y la creación en cuarentena. Claramente el taller iba a ser virtual por la imposibilidad de juntarnos en vivo y entonces pensé de qué manera uno se puede ir de la casa pero sin salir de ahí, es decir, poder crear mundos sin movernos de la silla. Que tu cuarto termine todo dado vuelta, que algo de tu cotidianeidad se modifique después de la clase. Creo que es escapar de casa por la necesidad de convertir nuestro espacio en un lugar nuevo para que la rutina no nos coma pero también escapar de casa es escapar un poco de nosotros mismos. Salir de nuestra “manera de ser” para encontrar unas nuevas que también están en nosotros y que quizás no las estábamos viendo.

¿Con qué nos podemos encontrar al escapar?

Con la sorpresa que produce descubrir que uno tenía tantas cosas adentro. Escapar también es volver. Cuando éramos chicos jugábamos sin prejuicios y cuando crecemos todo eso se adormece bastante. Porque necesitamos encajar en trabajos, en grupos, necesitamos mostrar “seriedad”. Pero la creatividad aparece de no juzgarnos, de la impunidad de jugar. Sin pensar en resultados. Y ahí aparece nuestra parte más genuina. Pasa que uno tiene mucho miedo a mostrarse así. Digo que escapar es volver porque en general cuando crecimos fuimos perdiendo esa capacidad de divertirnos, de mirar las cosas distinto. Los invito a escaparnos de casa para descargar el peso de este año tan raro pero también a escaparnos para estar dispuestos a volver y mirarnos de frente. 

¿Qué herramientas se suelen adquirir en el taller?

Uso mucho la improvisación como método para abrirnos al juego. Convocar a la creatividad, perderle el miedo al ridículo y lanzarnos al vértigo que produce probar algo sin tener idea de lo que se está haciendo. En primer lugar mi objetivo es que los alumnos entiendan que sin juego no hay actuación. Que hay que correr riesgos para que algo aparezca. Es imposible simplemente “hacerlo bien” porque no hay una manera y porque la creatividad no aparece si estamos más preocupados en un resultado lineal. La improvisación no es sólo ser ocurrentes con la palabra. La improvisación sirve para no querer controlarlo todo. Por más que a una obra la tengas que repetir muchas veces es imposible siempre hacer lo mismo. Perseguir esa idea nos estanca y mata a la actuación. Estar presente va hacer que nunca sea igual, porque pasa algo, porque se mueve.

Después con un grupo que ya venimos entrenando de manera anual empezamos de a poquito a trabajar con escenas y a profundizar un poco más en la actuación. Entrenamos para ser cada vez más elásticos y estar dispuestos a jugar todo. Que el día de mañana un director nos pueda pedir cualquier cosa y, como nosotros somos animales dóciles, lo podamos resolver. Para eso, hay que entrenar todo y, así, perder el miedo. Es igual si en una escena hay que reírse o llorar. El motor de la actuación es el mismo. Estar disponibles y presentes para que suceda el intercambio con el compañero sin querer controlarlo todo desde la razón pero tener herramientas que nos sostengan. 

 ¿Te resulta desafiante dar clases de teatro de forma virtual?

Sí. Cuando arranqué en abril no sabía que iba a resultar de esto. Me daba un poco de miedo la verdad. Yo no era de hacer mucho Skype ni videollamada, en general no me gustaba tanto ese nivel de virtualidad. El teatro tiene algo muy artesanal que lo hace único y de pronto tener que adaptarse así era impensado en un principio. Pero me sorprendió (y me sigue sorprendiendo) las cosas interesantes que aparecieron en este tiempo, que nunca pensé que podían salir de este formato. Además como guía del grupo, me animé a probar cosas nuevas yo también.

“Sin juego no hay actuación”

¿Tiene algo que ver con lo que se hacía antes en las clases presenciales o es una nueva forma de enseñar?

Es distinto. Creo que se armó un nuevo lenguaje, una nueva manera de ver y de hacer. Que, como todo, nos fuimos acostumbrando y se volvió natural. Hay cosas que dejaron de ser un “problema”. Trabajar con el delay, con una persona completamente pixelada, con un familiar que justo entra al cuarto cuando alguien está actuando y todos los vemos en nuestras pantallas: todo eso fue armando un ecosistema distinto de actuación. En las clases presenciales nadie conoce el cuarto de nadie, nos podemos mirar a los ojos de otra manera, nos podemos tocar. Pasan otras cosas. En un momento normalizamos la distancia, los problemas de Internet  y ahí se instaló algo que dejó de ser una novedad. No es lo mismo que antes pero tiene su propia manera de ser.

¿Por qué te gusta la docencia? ¿Con qué Palu te encontrás en ese terreno? ¿En qué difiere a la Palu actriz?

Me encanta la docencia. Realmente cada vez me doy más cuenta de lo mucho que me apasiona. Me gusta mucho mirar a los otros y poder potenciar de alguna manera lo que hacen. Todo el tiempo estoy pensando estrategias para que el alumno se desafie más y más. Obviamente todavía tengo mucho por aprender, recién hace dos años doy clase. Pero la verdad que es algo que quería hacer hace mucho tiempo y tardé en animarme. Hasta que un día arranqué y valoro mucho ese momento de coraje que tuve. Desde chica, siempre fui de observar mucho a mis docentes teatrales. Me gustaba pensar que eran actores, que tenían sus proyectos personales y también daban clase. Anotaba los ejercicios. Siempre me gustó mucho teorizar acerca de la actuación. Creo que dando clase me encuentro también con esa parte niña mía de cuando tenía 10 años y me encantaban las clases de teatro. Era el momento que más esperaba de la semana y cada cosa que decía la profe me deslumbraba como un hallazgo.

“Se armó una nueva manera de ver y hacer. Un nuevo lenguaje”

Por otro lado, como actriz me tengo mucha menos paciencia. Me cuesta a veces mirarme en algunos trabajos sin criticarme y me doy más con un caño. Con los alumnos una tiene que motivarlos para que confíen en su propio potencial, para que se arriesguen y tengan confianza en sí mismos.

Podés compartir con nosotros alguno de los contenidos que surgieron en “Escapar de casa”. ¿Qué fue lo que te deslumbró?

Es muy distinto lo que surge en cada grupo, pero una vez jugamos a la búsqueda del tesoro y fue muy divertido. Cada uno tenía segundos para correr por toda su casa buscando distintos objetos/elementos que les pedía. Esos elementos después se usaban para una escena. Fue muy divertido y sorpresivo pero además generó mucha integración en el grupo. De pronto ese adorno bizarro que está en el living de tu casa y que hace mil no lo mirás, lo agarrás rápido y lo metés adentro de una clase para mostrárselo a tus compañeros que recién conocés. Obvio que esas cosas hablan de vos y ahí aparece lo personal, lo sensible de cada uno. 

Por otro lado, tenemos un Instagram privado con los que son parte del taller y ahí subimos distintas cosas que surgen de las clases. Además, lo hemos usado para crear personajes. Cada día se metía alguno a la cuenta y subía contenido jugando a ser un personaje. Me pareció muy loco porque son herramientas que siempre estuvieron a nuestra alcance pero nunca las habíamos usado así, a favor de la actuación.

¿Qué feedback recibiste por parte de los alumnos?

Muy bueno. La verdad que se coparon mucho y eso que es algo nuevo para todos, lo que pasó este año. Los grupos son muy amorosos y hay algo lindo de que se van armando vínculos entre ellos también y para mí eso es clave. Sentir confianza con tus compañeros sin miedo a que te juzguen y hacerte amigos, es de las cosas más lindas de hacer teatro. Te conocés desde otro lugar.

“Les propongo soltar el control y entrar en contacto con el compañero”

¿Crees que este contexto mundial puede ser utilizado por los actores a su favor? ¿De qué manera?

Es difícil. No podría decir eso porque sé que muchos la están pasando muy mal. Sobre todo los que tienen que sostener espacios culturales, productoras, escuelas. Es un año muy duro para la cultura sobre todo. No hay trabajo ni hay una respuesta clara respecto a los protocolos para volver a hacer teatro sobre todo. Muchos proyectos se cayeron, otros que no se sabe cuando se podrán retomar. Pero para no quedarme sólo con esa parte negativa: sí creo que es un momento donde pueden aparecer formatos nuevos porque desde la necesidad, la angustia, la urgencia, aparece una desesperación por crear y por seguir. También para poner en marcha la autogestión y hacer, que siempre es saludable que un actor la tenga para no esperar que las oportunidades vengan de afuera. Igual el entorno tiene que cooperar en todo esto que digo. Es frustrante ver programas periodísticos o de entretenimiento desde marzo sin cortar y con un set lleno de gente pero que todavía no se puedan filmar ficciones o hacer teatro como corresponde. La verdad que cuesta.