María Hoffman, alías Color, es la anfitriona de una de las fiestas más cools de Buenos Aires, la Sudan. Conocé a esta joven emprendedora que venció inseguridades y, también, lanzó su carrera de cantante.

Txt: Abril Chiesa @un_heladito


María llegó a la redacción de Watt con una campera bomber inflada de colores flúo, un mom jean clarito hasta la cintura, una riñonera gigante y zapatillas. Relajada, sin maquillaje y con su pelo casi blanco. Ella, sinónimo de estilo, luce en el día a día los mismos looks urbanos y millennials que expone en el feed de su Instagram que, también, le hacen honor a su nombre artístico: Color.

Sos hostess y dj de una de las fiestas más convocantes de la ciudad y ahora lanzaste tu carrera como cantante ¿Qué te hizo lanzarte a la pileta? ¿Qué hizo de Sudan una fiesta tan exitosa?

¿Que la hizo exitosa? No sé. Antes de la fiesta no estaba siendo feliz, laburaba en una oficina haciendo redes sociales y no me motivaba levantarme para sentarme en una silla y postear cosas en Facebook. Arrastraba hace tiempo una depresión porque no sabía que quería hacer con mi vida y trabajaba para pagar las cuentas. Me fui de viaje, seguiendo el consejo de un amigo. Yo ya venía coqueteando con las bandejas. No me denominaba dj por respeto a mis colegas, decía que era musicalizadora. Lo tenía más como hobbie que como vocación. Cuando me fui de viaje tuve revelaciones, me asumí dj por primera vez, tuve fechas allá. El día que volví me escribió un productor de Niceto, César Palmeiro, y me dijo ‘Acabas de aterrizar, ya sé. Decime que viste. Traigamos lo que está pasando afuera.’

Hace tiempo que quería armar una fiesta pero no me cerraba la propuesta de ningún lugar. En ese momento como dj mujer era más difícil encontrar una pista de música urbana que me recibiera bien. Pasaba hip hop, dancehall, etc y esos lugares estaban ocupados por hombres. Como público también me pasaba que quería salir a bailar y no encontraba ningún lugar que me identifique. No pertenezco al boliche convencional. Así que, cuando me escribió César me ilusioné mucho. Él quería hacer una fiesta con bases de música negra y mucha presencia femenina. Pensó en Africa y quería que se llame Sudán como el país y yo le dije ‘Sí, sí. Todo muy lindo pero se va a llamar Sudan porque la gente va a venir a transpirar’. En cuanto al arte, yo venía muy flasheada de haber visto un dj set de Bjork en el Sonar que tenía plantas en el escenario y luces lilas. Al mes César me dice, ‘me salió laburo afuera, me voy a vivir a Australia. Hacé la fiesta igual’. Llanto, depresión. Yo podía armar la artística, poner la música y llevar invitados pero todo lo demás, ni idea. Me junté con productores amigos que me dieron consejos y me dijeron que avance sola. Y le dije a mi mamá ‘Bueno, la voy a hacer y si sale mal, aprenderé del error’. En la primera edición del lado b de Nieto, vinieron 200 personas y a la edición número 6 o 7 ya estábamos rebalsados de capacidad, no se podía ni estar y pegamos el salto al lado A. Era una diferencia bastante grande. Lado A tiene capacidad para 1200 personas y nosotros convocábamos 450 en el lado b. Y así pasando ediciones llegamos al sold out.

¿Sentís que hay un cambio de paradigma, que la gente antes iba a boliches y ahora va a donde se haga su fiesta favorita? ¿Qué tiene que ver con eso la búsqueda de concepto en las redes sociales de los fiestas?

Se revolucionaron las cosas de manera muy positiva. Yo estudié publicidad y no porque quisiera ser publicista, sino porque sabía que la publicidad me iba a dar herramientas que después me iban a servir para lo que sea que quiera hacer. Sin duda las redes son la herramienta número uno de difusión. A mí me gusta mucho que cada uno ahora tiene la opción de elegir qué quiere hacer y no de optar. Hace unos años no habían demasiadas opciones, eran un par de profesiones y te dedicabas a eso por el resto de tu vida. Soy una persona muy estructurada en un montón de cosas y sin embargo no me gustan las etiquetas a la hora de definirme como persona porque uno cambia todo el tiempo. Y si tengo que elegir una carrera para toda la vida, me cago de embole. Creo que ahora el poder de las cosas lo tenemos los jóvenes. Pateamos el tablero de los viejos paradigmas. Yo no quiero la tiranía de los boliches que te rebotan en la puerta sino tenés el cuerpo que ellos quieren que tengas. Quiero que las pibas vengan en zapatillas si quieren, en bermudas, en culo y que eso no signifique nada. Me parece fantástico que los jóvenes hayamos tomado el control de las cosas. Con los demás chicos que también hacen fiestas (LaBresh, LindaNene, BBFest, Remeneo, NeoSeñoras, etc), no nos vemos como competencia. Incluso hemos tenido reuniones. 

Llevaste Sudan a Barcelona hace poco. ¿Fantaseas con extender la fiesta a una movida mundial o europea de la fiesta?

Me da escalofríos. La verdad nunca lo planeé. No planeé llevar a Barcelona la fiesta. Yo iba a viajar para allá y pensé ‘estaría bueno ponerme las pilas y conseguir alguna fecha’. Para mí Barcelona y Madrid son medio la meca y la cuna de los artistas que suelen sonar en Sudan. Pensé ‘¿cómo puedo contactarme con Razzmatazz?’, hasta que dije ‘mensaje por Ig’. Me pasaron un mail y mandé una presentación de la fiesta, me respondieron, ‘sí, sí. Conocemos la fiesta. Qué fecha querés?’. Y ahí tomé dimensión de la herramienta que es Instagram. Me estaban mirando desde un lugar que en su momento me inspiró. Después de esto recibí unos mensajes de una fiesta en Nueva York y de un promotor que quiere hacer algo parecido en México porque no hay nada así allá. Lo mismo en Chile. A mí me brillan los ojitos cada vez que me mencionan otro país pero no voy tras ello. Hasta que no entendí que necesitaba un equipo de trabajo pasó mucho tiempo, y eso me sacó mucha energía, me sacó del eje de mi carrera musical. Volví de Barcelona muy centrada con que tenía que armar un equipo de trabajo para que si el día de mañana tengo que viajar, Sudan siga funcionando acá. Pero hoy no es mi prioridad Sudan internacional, necesito que esté recontra aceitado Argentina primero. Prefiero hacer de a poco y bien. 

¿Cómo surgió la primera canción que lanzaste, Fuego? 

Venía coqueteando hace mucho con la música. Tenía amigos productores que me pasaban beats y me decían ‘¿Vos querés cantar? tomá’ y yo decía, ‘¿Cómo se hace esto?’. Tenía mucho miedo. Escribía más como terapia que para componer canciones. Hasta que apareció Louta que me voló la cabeza en todos los sentidos. Escuché el disco y dije, ‘¿Quién está detrás de esto?’. Tom Susevich era su productor y lo busqué en Facebook, lo agregué pero se había ido a vivir a Londres. Cuando pedí data para irme a estudiar música afuera, él me contestó y hablamos por teléfono una hora. Después vino a Buenos Aires y le pedí que nos juntemos. Teníamos que ver si lo que fluía por redes sociales también pasaba en persona. Para hacer música de verdad tiene que haber buena onda, no se puede caretear. La primera vez que nos vimos lo invité a la pileta a casa y nos quedamos dormidos en el deck. Yo no me suelo quedar dormida, menos con alguien que acabo de conocer. Claramente nuestras almas estaban conectadas. La segunda vez que nos juntamos fue en el estudio. Hicimos un tema que no fue Fuego, pero era como la base. Era otro flash, un poco más indie, podría ser un tema de Bandalos Chinos. Él se volvía a Londres, así que me dejó el tema y me dijo ‘pensále una melodía y una letra’. Debo haber estado con el tema en el escritorio unos 5 meses y no pude hacer nada. Después, nos volvímos a juntar e hicimos algo más urbano, que me sirvió un montón. La letra de Fuego bajó de la nada. Estaba sentada en el sillón de mi casa, leyendo no sé qué cosa y fue tipo ‘¿Dónde hay papel?’ y la escribí de una. 

¿Sentís que encontraste tu sonido? 

No, estoy en ese camino. Tengo un tira y afloje entre lo que me gusta escuchar y lo que quiero hacer, que no es lo mismo. Y lo que la gente espera que yo haga. Esperan que haga reggaetón y no es lo que más me mueve. Si bien es lo que más me divierte para salir a bailar, no es lo que más me divierte para expresarme. Estoy en la búsqueda que es constante, y no va a terminar. El día que termine va a ser porque no me estoy pudiendo reinventar como artista y me pondré una panchería.

¿Cómo armás tus looks? 

Empecé a laburar mucho con Vane Krongold. Yo le decía lo que quería y ella lo diseñaba. En el medio ella se fue de viaje y empecé a tratar de solucionar yo. Comprar lo que veía que me gustaba. Estoy contenta con lo que está de moda. Las pendejas de ahora se visten como me puedo vestir yo. Me pasó hasta de ir a 47 Street y comprarme ropa, cosa que no pensé que me iba a pasar. Está muy de moda lo urbano, que va conmigo. Me ayuda bastante porque sé que si no tengo qué ponerme puedo ir a dos o tres lugares y encontrarlo, que antes no me pasaba.

¿Qué te inspira?

Suelo leer bastante antes de escribir para tener contacto con el lenguaje y con ideas de otros artistas. Consumo mucha música. Hoy justo tuve una sesión de terapia y hablé de un momento a mis 14 años que fue medio difícil. Y ella me preguntó, ‘¿Vos qué hacías?’ y yo le respondí, ‘Me encerraba en mi cuarto y ponía música muy fuerte’. La música fue mi compañera. El año pasado lo observé mucho a Jay Balvin, porque era referente en lo que yo hacía. Ahora estoy medio peleada con Jay Balvin. Pero también miré mucho a C Tangana, a Rosalía. Busco mucha data en lo visual también, me gusta mucho ver series y películas para encontrar personajes para los videoclips. Pero lo que más me inspira al escribir letras son las relaciones personales. Lo que pasó y cómo yo me sentí con eso que pasó. Quiero que mis letras sean sinceras. No me veo diciendo, ‘Me tomo un tequila y me rompo la cabeza’, no me representa. 

El 17 de agosto hace su primer show como solista, headliner de la Sudan en Niceto.