Flor de la V, rompiendo esquemas

Ph. Mariano MichkinPh. Mariano MichkinPh. Mariano MichkinPh. Mariano MichkinPh. Mariano Michkin

Florencia de la Ve fue una de las primeras actrices transgénero en irrumpir en el teatro y en la televisión cuando tuvo que sustituir a la mediática Cris Miró. En el 2004, protagonizó la tira Los Roldán y le mostró a la sociedad que la representación de una trans ya no seguía los modelos heteropatriarcales y que la diversidad sexual existía. Tuvo su propio programa, La Pelu, y ahora revoluciona las tablas en la obra Enredados.

Texto. Florencia Garibaldi / Foto. Mariano Michkin


Desde la modernidad, el sexo ha sido considerado un problema. Su indeterminación permitía una libertad contraria a las tareas de producción. El sexo se convirtió para la burguesía, en lo que era la sangre para la aristocracia, y se reprimió para asegurar la función reproductora y el orden social. La familia binaria (papá/mamá), es desde ese entonces, el modelo único a perpetuar. Actualmente figuras como Flor, madre de dos hijos, son las que vienen a romper con este discurso gastado, heredero de la época victoriana. En una larga lucha, que la hizo enfrentarse con Dios y con el Diablo, mostró que la sexualidad se puede elegir libremente y que no es lo único que determina nuestra identidad. Tal vez, ella sea una de las claves para volver hacia comienzos del siglo XVII, donde reinaban los discursos sexuales sin vergüenza, gestos directos, trasgresiones visibles, y anatomías exhibidas y entremezcladas. Porque Flor es ese cuerpo que se pavonea sin un control.  

Arrancaste en el teatro haciendo humor. ¿Usabas los monólogos para exorcizar lo que vivías?

Sí, fue una forma divertida de contar algo trágico a las personas y que incorporen mi situación desde la comprensión y la tolerancia. La Argentina no era tolerante con los trans, no existía la inclusión con la diversidad sexual. Con el humor me metí rápidamente en el bolsillo de todos. Después de ese comienzo no paré de trabajar, de aparecer en programas y un trabajo me llevó a otro. Cuando en Mar del Plata hice mis primeros monólogos ahí fue cuando decidí que me iba a dedicar a esto, porque interactuaba, hablaba, no era solamente una chica que acompañaba al capo cómico. En ese momento te deliberaban, no es como ahora que hay derechos que protegen a la mujer. Eras un objeto, un pedazo de carne y podían despacharse con vos del modo que quisieran. Fue liberador porque mandaba en el escenario. Me di cuenta entonces que esta veta del humor era interesante para que me meta en el mundo del espectáculo.

“Con el humor me metí rápidamente en el bolsillo de todos. Fue mi forma de contar algo trágico a las personas y que incorporen mi situación desde la comprensión y la tolerancia”  

Los Roldán fue la primera tira que un protagónico lo tuvo una trans, que formaba parte de una familia y tenía un relación más o menos blanqueada. ¿Qué significó este gran paso?

Cuando debuté en el 2004, venían sociólogos de todo el mundo a entrevistarme porque no entendían cómo en una sociedad tan machista como la nuestra la estrella de una telecomedia fuese una chica trans y encima en horario central. Tuvo que ver también con mi personalidad y cómo me metí en esa sociedad. Esa cosa “blanca” que tuvo Laisa con Uriarte hizo que la gente fuera más tolerante. Al principio cuando me convocó Sebastián Ortega, iba a ser una amiga de la familia, ni siquiera iba a pertenecer. Una vecina costurera, árbol número 38 mil, me caía del libreto (risas). Pero después el personaje tuvo muchísimo éxito. A partir de ahí me di cuenta de la importancia de mi figura en el mundo del espectáculo. Hace poco leí una nota en Vanity Fair que hablaba de la diversidad sexual en la televisión en programas como I am Cait, Transparent o la película The Danish Girl. Eso pasó en el 2015 y en Argentina lo vivimos hace casi 20 años. Uno mira afuera como algo avanzado y están atrasados años luz.

Fuiste la primera en obtener el Documento Nacional de Identidad (DNI). ¿Por qué es importante para una chica trans que se reconozca su identidad?

Fue un logro increíble. Hasta hoy no lo puedo creer. Nunca le había dado mucha importancia porque uno aprende a vivir con cierto tipo de cosas. Pero cuando está la posibilidad de mejorar hay que tomarla. Desde el momento en que debuté en el espectáculo, me volví como VIP. No viví la realidad de una chica trans, no me afectaba tanto no tener documento.  Pero da la posibilidad a muchas personas que se sienten sin derecho a nada. Si a los gays los discriminan, imaginate a las trans. Si no tenés DNI sos una indocumentada, no podés ir a alquilar nada, ni tener un trabajo. Eso es parte de lo que hace que tengan que ejercer la prostitución. La vida de una chica trans no pasa los 40 años. Lo que sucede con el DNI aunque mucha gente no logre comprender es que le da el poder de la identidad, que es el más sagrado para cada persona. Pueden tener trabajo, tarjeta de crédito, estudiar y no sentirse ciudadanas de segunda.

“El DNI te da el poder de la identidad, que es el más sagrado para cada persona. Podés conseguir trabajo, tener tarjetas de crédito, estudiar y no sentirte una ciudadana de segunda”

Sos mamá gracias a la subrogación de vientres, pero tuviste que hacerlo en otro país. En Argentina esa posibilidad quedó fuera del nuevo código civil por un freno que puso la Iglesia católica…

Es un tema delicado, la ciencia ha avanzado tanto que las normas con las que vivimos quedaron obsoletas. Va a costar muchísimo salir de la situación actual y poder avanzar hacia el futuro. Con respecto a la Iglesia, trato de comprender todo y respetar, pero hay que ponerse en el lugar de la cantidad de personas que se podrían ayudar con la modificación de las leyes. Con la subrogación de vientres se puede ayudar. Además, hay un discurso insertado que dice que eso va a ser únicamente para los homosexuales. Pero hay muchísimas familias heterosexuales que lo quieren hacer o lo necesitan, y ni siquiera tienen la posibilidad económica.

No tuviste una figura materna. ¿Cómo impactó la llegada de tus hijos en ese sentido?

Con ellos siento absoluta plenitud. Nunca dimensioné el trabajo que de verdad era tenerlos, capaz porque tengo dos, con uno tal vez era más tranquilo (risas). Es tanto lo que te dan que es maravilloso poder vivir esta experiencia. No podía irme de este mundo sin haberla vivido. Es una enorme responsabilidad porque depende de vos el resultado de lo que serán luego. Uno viene con tanto prejuicio. Nosotros nacimos limpios sin ningún tipo de pensamiento y lo que somos es producto de las cosas que nos fueron metiendo. Estoy constantemente con ese dilema. Pienso si estoy haciendo las cosas bien, trato de hacer lo mejor posible y con la mente abierta. A veces yo misma me escucho como retrógrada en ciertas cosas y lo trabajo en terapia. Cuando siento que estoy diciendo una cosa me contengo con ellos y pienso bien qué les voy a decir. A todos nos ha pasado que nos han gritado y las palabras tienen más peso que los golpes. Podés hacer más daño verbal, que físicamente. Ellos no tienen las armas suficientes para darse cuenta de lo que le decís, sus mentes pueden disparar para cualquier lado.

“En el verano volví a coser. Estoy diseñando un montón y en un buen momento para arrancar un proyecto mío lejos del espectáculo. Ya pensé dos nombres para mi marca”

Hay cierta libertad que vos no tuviste en tu niñez. ¿Cómo repercute a la hora de criarlos a ellos?

Soy bastante flexible con ellos, aunque hay cosas que son un no rotundo, como tocar la electricidad o cruzar la calle solos. Pero si quieren salir vestidos de superhéroes los dejo. Si mi hija quiere salir con lo que se le canta la dejo, no lucho. Que dejen volar su imaginación. Mi hijo se deja poner cualquier cosa, el tema es ella (se ríe), me hace problema por todo. Imaginate cuando llegue la adolescencia. Igual le hago vestidos y a él le “achupino” los pantalones, me encanta diseñarles la ropa. El trabajo que más me gusta es el de mamá.  Disfruto compartir tiempo con ellos, hacer cosas. Por ejemplo tomar la merienda o enseñarles a escribir. Tengo una paciencia que conmigo no la han tenido. Ellos son Einstein, tienen cuatro años y ya escriben, yo aprendí en primer grado (risas). Me fascina cocinarles y que me digan que mi comida es la más rica del mundo.

En tu casa había una máquina de coser que era de tu mamá y que fue lo único que tuviste de ella. ¿Crees que fue eso lo que te llevó a hacer ropa?

Sí, en mi casa había una Singer. Cuando tenía siete años, de curiosa la abrí, la enhebré, me puse a coser y de ahí no paré más. Lo tenía incorporado, porque los hijos sienten las cosas cuando están en la panza. Mi mamá era modista, cocía embarazada de mí. El ruido de la máquina era música para mis oídos y cuando me acercaba me dejaba llegar. Lo empecé a hacer sin saber, era natural para mí. Arranqué haciendo ropa para las muñecas de mi prima. Destruía todo lo de mí casa como pañuelos y cortinas. No tenía límites para crear.

“El trabajo que más me gusta es el de mamá. Tengo una paciencia que conmigo no la han tenido. Soy bastante flexible, si quieren salir vestidos de superhéroes los dejo”

¿Te vas a lanzar como diseñadora con marca propia?

Sí. En el verano volví a coser. Me llevé la máquina a Carlos Paz. Me regalaron una Singer que se llama Florencia. Es portátil. Retomé cuando hice un vestido blanco para el 31 de diciembre. Y estoy diseñando un montón. Estoy en un buen momento para arrancar un proyecto mío lejos del espectáculo. Cuando uso cosas que hice yo la gente me dice que le encanta. Tampoco pienso ser el gran diseñador, arrancaré tranquila. Una mujer se puede vestir bien sin necesariamente gastar una fortuna. En el armado de la marca quiero tener cosas de calidad pero que no tengas que dejar 18 cuotas de tarjeta. En Argentina no podés comprar nada. Quiero que mi público sea una mujer que pueda estar canchera sin gastar una fortuna. Ya pensé dos opciones de nombre pero la voy a decir cuando la registre.