“Esa es nuestra lucha, la de las mujeres tratando que los representantes que nos arman las peleas nos paguen un poco más”, dice Yesica Boop que acaba de ganar el título de campeona mundial Minimosca de la AMB. Y deja en claro que no solo boxea en el ring sino que también lo hace en la defensa del deporte femenino: para achicar la brecha salarial y para que su puño también sea reconocido. Entrevistamos a una de las mujeres más fuertes del deporte nacional y a una futura psicóloga social.


 

¿Cómo fue el primer contacto que tuviste con el boxeo?

Fue cuando conocí la escuela municipal de Boxeo en Wilde. Un amigo me llevó a hacer gimnasia y empecé a ir todos los días hasta que me enseñaron los pasos básicos del boxeo. Yo no quería practicar porque no quería que me rompan la nariz, pero me gustó el ambiente y me quedé.

 

Haces mucho hincapié en que hay mucho prejuicio respecto del boxeo, ¿A qué te referís?

Sí, obviamente hay mucho prejuicio social. Dicen que el boxeo no es para mujeres y eso nos costó prácticamente toda la carrera. De todos modos es una lucha que seguimos dando porque las bolsas no son iguales que las de los hombres. Las marcas y los auspiciantes no ven todo lo lindo que tiene la mujer y que podemos ser deportistas o emprendedoras. En mi caso también soy psicóloga social. ¡Hay tantas cosas para valorar! Así y todo ven la parte más ruda, que te subís a pegar y eso no suma a nuestra imagen. Esto nos trae muchos problemas, por ejemplo que nos cuesta mucho trabajar empresas.

 

En una entrevista dijiste que las boxeadoras ganan un 80 por ciento menos que los boxeadores. Teniendo en cuenta la concientización que hubo sobre todo este año respecto de la brecha salarial, ¿Crees que puede modificarse?

Estamos a un 80 por ciento menos que lo que gana un hombre. Quizás más. ¿No es terrible? Esa es nuestra lucha, la de las mujeres, tratando que los representantes que nos arman las peleas nos paguen un poco más. Está complicado porque mientras sigan manejando todo esto los hombres no creo que se regule. Las entidades que nos deberían respaldar no nos respaldan. Seguimos en lucha porque hacemos el mismo deporte.

 


“Estamos a un 80 por ciento menos que lo que gana un hombre. Quizás más. ¿No es terrible?”


¿Por qué decidiste estudiar psicología social?, ¿Crees que se relaciona en algún sentido con el boxeo?

Sí, claro. Lo decidí a través de la terapia, quise seguir estudiando algo porque sé que no voy a boxear toda la vida, entonces entendí que tenía que prepararme. Cuando conocí la carrera de psicología social me encantó porque pude ver todo el entorno, lo que engloba nuestra personalidad, el entorno familiar, el social. Principalmente ver cómo, como deportista, podía poner mi granito de arena en lo social, más allá de los eventos a beneficio que hacíamos. Y fue así que encontré cómo articular con empresas comprometidas con el campo social. Y así llegué a Huella Weber. Ahí trabajamos en conjunto con atletas nacionales de élite, mostrando los valores del deporte y mejorando escuelitas a las que intentamos llevar esperanzas y construirles un futuro mejor en cuanto a infraestructura y en relación al apoyo que pueden recibir. Dejarle este mensaje a los chicos que no tienen las mismas posibilidades, explicarles que nosotros salimos de las mismas condiciones de las que salieron ellos y transmitirles  los valores del deporte: el sacrificio, el esfuerzo, la dedicación. En este caso Huella Weber vio todo esto que en general no se ve y nos permitió a mí y a otros embajadores aportar nuestro granito de arena y dejar huellas firmes. Porque la realidad es que si bien como psicóloga social entiendo qué es lo social, como deportista y con colegas, pudimos ver que aportamos un montón con una palabra, con una imagen. Eso es lo que nos permitió trabajar Weber. Una empresa que no nos dio la espalda y nos permitió avanzar con estos desafíos que abarcan lo deportivo pero que también los supera.