Suiza es un país avanzado en relación a la limpieza y el reciclaje. Por ese motivo deciden enfrentar el problema de la basura con una manera innovadora y contundente: se procesa todo lo que pueda ser clasificado y separado.

Por ejemplo para deshacerse de una bolsita de té usada se debe separar la etiqueta (que va al recipiente destinado al cartón), el papel va a los papeles usados y el residuo biológico va a la tacho. Al pequeño gancho lo espera el tacho de metal usado y el hilito va a una bolsa debidamente marcada. Quizás pensarás que es un poco complejo por una simple bolsita de té. Pero la clave está en reciclar absolutamente todo.

Cada día se reciclan:

  • Papel: El 70% del papel que se usa en el país es reciclado.
  • Cartón: Se recicla aparte del papel.
  • Baterías: El 60% de todas las baterías vendidas en Suiza regresan al proveedor y no se tiran al cesto de basura.
  • Vidrio: Suiza lidera en cuanto a la cantidad de botellas que son devueltas. Más del 90% de los recipientes regresan a las fabricas para que el vidrio sea reciclado. Cabe resaltar que los ciudadanos deben quitarles la tapa y clasificar las botellas de acuerdo al color del vidrio.
  • Botellas plásticas. El 71% de ellas son recicladas.
  • Cadáveres de animales. Debe pagarse un precio extra por este tipo de desechos. Está prohibido enterrarlos.
  • Aceite vegetal.
  • Aceite de vehículos. Cambiarle el aceite al automóvil de manera autónoma está prohibido y sólo puede hacerse por técnicos en estaciones de servicio autorizadas, y no es gratis.
  • Residuos compostados: residuos de comestibles, plantas domésticas, estiercol y la arena del gato, cenizas, aserrín, hojas del césped, ramas, etc.
  • Materiales domésticos neutros tales como piedras, porcelana.
  • Medicamentos caducos.

 

En Suiza creen que la clave está en la clasificación del reciclaje y por eso es fundamental poner el material correspondiente a cada cesto. Una buena idea para poder propagar en todos los países.