Desde hace años, los especialistas en sociología laboral remarcan la diferencia esencial entre productividad y horas de trabajo. En nuestro país, es muy común las horas extra, las situaciones “esclavizadoras”… sobre todo porque al final, ni siquiera eso es bueno para la productividad de la empresa. Y  lo han demostrado las políticas públicas de Suecia.

La ciudad Sueca de Gotemburgo quiso demostrar si realmente una jornada de 8 horas puede ser igual de productiva que una de 6. Para ello, utilizaron un sistema muy sencillo que les permitía, además, no ofrecer dudas sobre su resultado: la mitad de sus funcionarios trabajaría solo seis horas al día mientras que el resto, la otra continuaría con su jornada habitual de 8.

Que una familia pueda recuperar dos horas de vida diaria puede hacer un cambio significativo más importante de lo que podamos imaginar. El objetivo, por tanto, es que gracias a mejorar la conciliación familiar, sus empleados serán más eficientes porque tendrán más predisposición y energía para afrontar la jornada laboral.

Y la idea está funcionando. No sólo para los funcionarios, los jefes de departamentos están muy satisfechos con la experiencia.

Y no es un hecho aislado. No es la primera vez que los suecos lo intentan. En una fábrica de automóviles de Toyota, también de Gotemburgo, probaron la experiencia y el resultado fue también un éxito. Sin embargo, ¿funcionaría en todos los casos?

 

Los especialistas coinciden que lo realmente importante es la “productividad” que ofrece un trabajador y que la flexibilidad o reducción de jornada sería una buena forma de ayudar al trabajador a ser realmente productivo y no ver el trabajo como “la tortura diaria” a la que se debe enfrentar.