Sofía Gala es una actriz capaz de componer personajes extremos y de universos muy disímiles. De esas artistas que hacen invisible la diferencia esencial entre el teatro, la televisión y el cine. Infancia, madurez y algunas reflexiones de una mujer que supo construir una trayectoria propia.

Texto. Mauro Albornoz / Fotos. Monstruo Estudio


Cuando esperábamos que llegara a la entrevista, era imposible saber que Sofía Gala iba a ser tan Sofía Gala: una persona que fluye entre lo salvaje y lo delicado. Una personalidad tan galopante como sensible. Claramente, podríamos atribuirlo a sus genes. No es más ni menos que la hija de Moria Casán, con todo lo que ello implica. “Estoy en los medios desde antes de que haya nacido”, afirma mientras la maquilladora esfuma sus ojos achinados de una tonalidad oscura. Talento aprendido o heredado, ella tiene el don de la naturalidad para destacarse en cualquier escenario. Sofia es, entre miles de otras cosas, magnética.

Teniendo en cuenta el contexto en el que creciste, ¿considerás que indefectiblemente ibas a dedicarte al arte?

Durante un momento de mi vida no quise ser actriz. Sentía que todo derivaba en las cámaras. Me convenció Fernando Peña, de quien me hice muy amiga. Él me decía que tenía que actuar y armó una obra para poder laburar juntos.

¿Fue él quién te enseño a actuar de verdad?

Sí, yo había trabajado en Los Roldán pero verdaderamente me di cuenta que quería dedicarme a esto cuando trabajé con Fernando. Nosotros conectábamos y entendí que era algo que sabía hacer. Era un lugar para poder expresarme y hasta le hacía bien a mi salud. El arte es un trabajo que tiene que ver con la expresión y tenemos mucha suerte de poder dedicarnos a esto. Al mismo tiempo que estás trabajando ejercitas tu mente.

Estás en teatro con la obra La Payanca, inspirada en William Shakespeare…

Es una versión de “Hamlet” traída al presente. Trata de una familia argentina terrateniente y un asesinato no resuelto. Toma la traición contada desde la versión de “Hamlet”. Es una obra muy buena y mi personaje llega con una revelación y una venganza.

“No me hago cargo de lo que le pasa a los demás con mi forma de pensar. Soy como soy. Cuando transgredo mis propias reglas y moral no lo hago en la tele”

Al mismo tiempo, trabajás en la comedia Confesiones de 30. ¿Cómo lográs hacer otro estilo tan diferente?

Siento que el actor maneja una especie de ciclotimia y el hecho de poder actuar nos ayuda a desarrollarla sin volvernos locos. El trabajo para Confesiones es diferente porque es una comedia. Creo que lo divertido para hacer reír en las comedias es que te creas realmente lo que estás haciendo. O sea, uno se ríe de la miseria del otro. En esta obra la gente se ríe. Cuando trabajo por más que use el humor y la ironía también atravieso el dolor y la locura.

¿Qué recuerdos tenés de aquella primera aparición en la tele con tu personaje de Los Roldán?

Lo tomaba como un trabajo. Como no quería estudiar mi mamá me dijo que entonces me ponga a trabajar. Tenía 16 años, era un bebé y lo hacía porque no quería seguir en el secundario.

Desde muy chica tuviste la idea de independizarte. ¿Por qué decidiste irte a vivir sola a los 12 años?

En realidad me fui a vivir a una casa que teníamos en el fondo de donde vivía mi mamá. No tengo muy en claro por qué quería esa independencia. Siempre me sentí más adulta. Veía a pibes de mi edad y me creía que era mucho más grande. Me aburrían. Recién ahora me siento más chica. ¡Qué pesada soy! (risas). Fui criada por gente grande y eso me hizo pensar de una manera difrente.

Pensabas que Susana Giménez era tu tía y pasaste tardes jugando con las hijas de Maradona. ¿Qué recuerdos tenés de tu infancia?

Tengo re buenos recuerdos. Lo vivía como algo normal. Recién ahora, cuando crecí, me di cuenta de la dimensión. Quiénes son Maradona y Susana en realidad. Los conocí de determinada manera, mucho más natural. Además que uno toma conciencia a partir de los demás. Ahora me sigue pasando con mi mamá. Cada año que pasa dimensiono más lo que ella genera. La percepción que tengo ahora es totalmente diferente a la de cuando era más chica.

¿Buscaste diferenciarte de tu mamá?

Lo que busqué fue trabajar más allá de ella. Muchos creen que “ser hija de” te beneficia pero no es así. La gente está llena de prejuicios. Tuve que luchar contra quién soy y de dónde salí. En realidad no es algo que me afecte a mí, sino a los demás. Amo ser hija de mi madre. Me parece lo máximo y no le veo ningún prejuicio. Toda esa vida me ayudó a poder tener una cabeza más abierta para interpretar. Amo actuar y es lo único que sé hacer.

Un hito importante en tu carrera fue la película El resultado del amor. ¿Te cambió la forma de ver la actuación?

Fue mi primera película y era muy heavy. Como era un protagónico, me pasaron muchas cosas que tenían que ver con meterse muy de lleno con lo que interpretas. Con el tiempo vas aprendiendo a entrar y salir de ese estado. Lo que tiene el cine es que son 12 horas que te convertís en otra persona. En el teatro entrás y salís, en televisión es más dinámico. En esta película no me podía despegar del personaje. Fue muy hermoso y fuerte al mismo tiempo.

Recibiste un premio en China por una película y no disfrutaste mucho el viaje. ¿Qué fue lo que pasó?

La pasé mal. Estaba embaraza y la verdad fue como Perdidos en Tokio. Nadie entiende nada de lo que hablás. Vos no les entendés a ellos. Hablan en mandarín y hay 32 maneras de hablar en mandarín. Y ¡nadie habla en inglés! Es muy frustrante. En realidad la pase mal mientras estaba ahí, cuando me fui me di cuenta que fue una re experiencia. No me la voy a olvidar en mi vida. Antes de ir, pensaba que iba a ser todo muy cool porque me iba a Japón. Pero no, me fui a China que es todo más raro. Me estaba convirtiendo en una especie de chancho enorme con el embarazo (risas) y todos me miraban como nunca en mi vida. Además, soy la típica china occidental que ellos dibujan en los Animé. Entonces estaba embarazada en China, con todos mirándome, nadie me entendía nada, fue una locura.

Dijiste en una nota que en los temas sociales estás siempre del lado controvertido, ¿por qué?

No lo hago a propósito. No quiero causar polémica. Siento que nunca se generan las discusiones sociales desde el lado del debate. La polémica se centra en: “Mirá lo que dice Sofía Gala”. No tratan el tema para que podamos desarrollarlo y debatirlo. No me hago cargo de lo que le pasa a los demás con mi forma de pensar. Jamás me hice cargo. No siento que cada vez que abra la boca tenga que decir algo para que se queden tranquilos. Soy como soy. Cuando transgredo mis propias reglas y moral no lo hago en la tele.