Muchas de nuestras películas favoritas deberían haber sido clasificadas como XXX pero pasaron desapercibidas para los jueces de la moral y la buena conducta y llegaron a las salas de cine. Si estabas pensando en ver algún film “subido de tono” este fin de semana, y no querés recurrir a los típicos videos pornográficos que ofrece la red, acá te damos algunas opciones.

Texto. Belén Macua / Ilustración. Brunancio


Hay una delgada línea, ínfima, casi invisible, que separa el erotismo de la pornografía en el cine. Ambos tienen como fin provocar un deseo sexual en el espectador, pero la erótica deja librado a la imaginación algunos aspectos sórdidos del encuentro para poder ocupar un lugar en las taquillas comerciales.

El director de cine David Lynch dijo: “El sexo es la puerta a algo poderoso y místico, pero el cine generalmente lo presenta de un modo muy seco”. Aun así, algunos directores deciden ignorar los mandamientos que rigen el mundo políticamente correcto y presentan en las salas de cine convencional películas dignas de la calificación XXX.

Films como ¡Átame!, del cinematógrafo español Pedro Almodóvar, o El último tango en París, protagonizada por el actor Marlon Brando, tienen escenas de sexo explícito que nada tienen que envidiar de las superproducciones pornográficas.

Amores que matan de placer y otras yerbas

Las películas “no-porno” resumen la escena de sexo mostrando a los actores entre las sábanas, dándose un beso medianamente fogoso o revoleando la camisa. Si estás de suerte llegas a ver un poco de piel, quizás un pezón o las nalgas. El Imperio de los Sentidos es una película que destrozó los tabúes y mostró carne, sudor y fluidos sin vergüenza.

Este film franco-japonés de 1970 relata una historia popular nipona sobre una ex prostituta que mantiene una tórrida relación sexual con su jefe. El protagonista resume esta travesía con una frase: “Mi placer radica en darte placer a ti y obedecer todos tus deseos”.

Los actores se tomaron muy en serio su papel, las escenas de sexo son completamente reales y sin tapujos. Exploraron todo tipo de perversiones, incluyendo la asfixia erótica. Los encuentros de alto voltaje avergüenzan las palmaditas amigables que se propinan los protagonistas de la pseudo porno Cincuenta Sombras de Grey. En 1976 se estrenó en el Festival de Cannes y la gran cantidad de personas que querían verla los obligó a pasar la película trece veces.

Yo con todos

Ojos bien cerrados es una película dirigida por el estadounidense Stanley Kubrick protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman. Interpretan a un matrimonio de clase alta que mantenía una relación convencional hasta que Alice, la esposa, confesó que deseaba acostarse con extraños.

El 90 por ciento del film muestra mujeres sin ropa, incluso Kidman se animó al desnudo total, algo que muchas actrices “serias” reniegan. Rompen con la idea de amor ligado a la fidelidad que instaura el cine de Hollywood y le muestran al espectador las bondades de un matrimonio abierto, como unirse a una Sociedad Secreta que organiza orgías multitudinarias, rituales paganos y sacrificios.

La historia y el erotismo que la envuelve resultaron muy atractivos para la industria pornográfica que lanzó múltiples parodias y versiones todavía más explícitas. Cómo todos sabemos, nunca es suficiente sexo.

Pánico y locura en la Antigua Roma

Calígula es un film de 1979 dirigido por Tinto Brass, un cineasta abocado a las películas eróticas. Cuenta la vida del tercer emperador romano Cayo Julio César Augusto Germánico, conocido por sus múltiples aventuras sexuales y gustos “exóticos”, por no decir depravados.

La película fue producida por el fundador de la famosa revista porno Penthouse, Bob Guccione. El film hace sonrojar hasta la película más porno del mercado, tiene un poco para satisfacer a todos: masturbaciones, orgías, sadomasoquismo, sexo homosexual. Además, años después de su estreno, el productor decidió sumar nuevas escenas. Aunque usted crea que realmente no hace falta, a él le pareció necesario agregar eyaculaciones, zoofilia y lluvia dorada al popurrí de juegos sexuales anterior.

La pornografía se inmiscuye cada vez más en el cine apto para todo público, aunque actualmente ni Disney se dedica a los menores de trece años. El sexo está a la orden del día y lo que antes escandalizaba, hoy se ha normalizado. El límite entre el porno y la erótica se está borrando, quizás en un futuro ya no exista diferencia entre ambos.

Hay un cine que no le teme al puritanismo hollywoodense y esquiva el ojo castrador de la censura para entregar películas porno disfrazadas. La imaginación ya no tiene que hacer el trabajo duro, la pantalla materializa las fantasías. Andy Warhol dijo hace mucho tiempo: “El sexo es más excitante en la pantalla y entre las páginas, que entre las sábanas”, y estas películas refuerzan su teoría.