Retroceder vale, rendirse jamás. Esta es la historia de Guido Pella, tenista argentino, quien tocó fondo, saturado, para tomar un impulso que aún no le mostró el techo. Desde su cama, hasta la Davis y los Juegos Olímpicos.

Txt. Juan Butvilofsky / Ilus. Matías G. Martínez


¿A partir de qué situación llegaste al punto de hartazgo para dejar de competir?

No tenía más ganas de entrenar ni de luchar por hacer entrenamientos buenos, y menos de luchar un partido de la manera que el tenis merece. Fui perdiendo cada vez más motivación y ganas de competir, hasta que llegué a Roland Garros en 2014. Me acuerdo que ese partido directamente no lo jugué. Mi cabeza estaba puesta en Argentina y dije: “Así no sigo más”. Entonces, me bajé de todos los torneos en los que me había anotado y me fui a Holanda con mi novia diez días. Fue lo mejor que hice en mucho tiempo. Empecé a disfrutar de la vida y mi cabeza se fue despejando de a poco, pero nunca con la idea de volver a jugar al tenis.

¿Cuándo y cómo recuperaste el espíritu competitivo? 

No recuerdo el pensamiento o qué me hizo volver. Solamente que un día estaba en mi casa mirando televisión, creo que un mes después de todo, y entró un amigo que ahora trabaja en la academia de Chris Evert en Estados Unidos y me dijo: “Mañana vamos a empezar a hacer algo de físico tranquilo y relajado”. Empezamos corriendo un poco, hicimos pasadas, y de ahí en adelante un poquito todos los días. El quiebre fue cuando entré de casualidad a un ATP en Bogotá, porque había olvidado borrarme. 

¿Cuánto pesa en la carrera del deportista el hecho de que no lo eduquen para saber convivir con la derrota? ¿Cómo pesa la presión social que realza al que gana y descarta sin piedad al que pierde?                                  

Pesa demasiado todo. Desde el punto de vista social, porque la gente tampoco perdona que sus deportistas pierdan. Pasa en todos los deportes: si ganas sos un crack y si perdés sos un amargo pecho frío que no sirve para nada. Tenemos en varias disciplinas a los mejores deportistas del mundo. Entonces realmente la gente pierde dimensión de lo que los deportistas argentinos logran en sus respectivas disciplinas. No creo que cambie aunque realmente me encantaría que suceda, porque estoy seguro de que Argentina sería mejor aún en todo, no solamente en lo deportivo sino a nivel país.

¿Cuál es el techo para seguir creciendo como tenista y cuál es la brecha con los mejores?                                                             

Ojalá que todavía no haya conocido mi techo. Este año estuve muy cerca de ganarle a jugadores muy buenos en el deporte, que están hace muchos años allí. Pero realmente no hay ningún misterio. Hay que entrenar y ser cada vez más profesional en lo que se pueda. Cuanto mejores son los de arriba, más entrenan. Entonces, si uno no hace lo mismo, te vas quedando muy atrás y acortar la brecha se hace imposible.