Con el éxito como meta fija, creó la innovadora compañía Fën hoteles. En el camino se le cruzó WeWork, una de las startups más valiosas del mundo, que llegó para revolucionar la concepción tradicional del trabajo. Así, vendió su cadena hotelera para poder cambiar el mundo y generar comunidades.

Texto. Florencia Garibaldi / Foto. Mariano Michkin


 

Patricio no tiene pudor en decir que desde chico lo que le interesaba era ganar plata. Estudiaba Economía en la Universidad Di Tella pero dejó porque no le interesaba trabajar en una compañía con salarios bajos. Formó parte de una agencia de publicidad donde manejaba grandes cuentas, pero fue cerrada por la crisis del 2001. “No sabía qué iba a hacer y no tenía un peso en el bolsillo. Había que empezar de vuelta y me gustaba la hotelería pero no tenía plata para comprar un hotel. Una noche leí la vida de Conrad Hilton y me enteré que arrancó alquilando hoteles”, cuenta.

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Alquiló un hotel y luego fue por más hasta crear la compañía de hoteles más grande de América. Así construyó su sueño y se convirtió en el mayor operador de Argentina, Paraguay, Uruguay, Perú, Costa Rica y Nueva York. Como emprendedor destacado fue convocado por Endeavor para dar una charla en Estados Unidos. Allí conoció a Adam Neumann, fundador de WeWork, un chico de 37 años cuya compañía valía diez millones de dólares. “Me invitó a trabajar con él. Le dije que no, que ya tenía mi compañía y que no quería trabajar para otra persona. Tampoco me llamaba la atención hasta que entré a las oficinas de WeWork y no lo podía creer. Me explicó el concepto de lo que hacía y eso era el futuro”.

“Para ser exitoso tenés que desafiar constantemente el status quo. Tenés que tener esas ganas adentro, ese hambre de hacer y empujar. los títulos tradicionales ya no sirven de mucho, hay que salir a crear”

Cuando regresó al país, Patricio ya no pudo volver a la oficina tradicional y se sumó a WeWork, una empresa de modernos espacios de trabajo colaborativo. Tomó el primer desafío de abrir cinco edificios en un año. Pero al día de hoy, que recién se cumplió ese periodo, tienen 25 edificios en México, Brasil, Argentina, Colombia, Perú y Chile. “Vendí mi compañía hotelera a Wyndham en diciembre de 2016 por consejo de Adam. Estamos cambiando no sólo la forma de trabajar, sino de vivir. En las oficinas ves gente charlando, jugando al pin pon, tomando cerveza y café gratis todos los días”, asegura Patricio.

Para trabajar en WeWork podés pagar una membresía como la de cualquier gimnasio, llevás tu computadora y te podés reunir con quien quieras. Además, podés ir a los edificios de todo el mundo con la misma membresía y te contactás con otras personas que trabajan ahí. “Lo que hacemos es generar comunidad, es a lo que más valor le ponemos. Por eso armamos after offices, eventos, para que todos se encuentren y charlen. Se perdió la interacción cara a cara y eso es lo que estamos recuperando. También somos una de las compañías que más está creciendo en real estate. Hoy en día no hay otro camino, si probás esto no vas a querer trabajar en una oficina”.

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Para Patricio el networking es una parte fundamental del trabajo para escuchar ideas y hacer contactos. El edificio está abierto todos los días y las 24 horas. Se puede ir con animales e invitar familiares. Desde WeWork ayudan a crear conexiones más significativas entre las personas con un fuerte sentido de comunidad. Los espacios físicos están diseñados para fomentar la inspiración y están construyendo la mayor red social física del planeta. “Las empresas que ya se mudaron acá como Al Mundo, entendieron que tienen que tener a sus empleados contentos. Además está el factor millenial, que no sólo es la plata lo que les importa, sino vivir bien. Piensan en la experiencia, que como todo es inmediato con la tecnología, eso se traslada a la vida real”, dice.

Para concluir, el CEO de WeWork revela que equivocarse es la única manera de crecer: “El fracaso tiene que estar bien visto, cuanto más fracasás más posibilidades de éxito tenés”.