BABASÓNICOS

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Babasónicos es la banda más importante del rock en argentina, cumplen 25 años de trayectoria y lo celebran con el lanzamiento de su nuevo disco multiplataforma: Impuesto de fe (desde adentro). En un paseo por su obra, entregan varias de sus canciones presentadas en versiones que tienen arreglos inéditos. Luego de cinco shows que fueron sold-out en el teatro ópera allianz, arrancan una gira con más de 40 presentaciones por todo el país y Latinoamérica.

Texto. Florencia Garibaldi / Foto. Mariano Michkin


Según el psicoanalista Sigmund Freud, la impresión óptica es el camino a través del cual más a menudo se despierta el apego libidinal. La mirada es, incluso antes del tocamiento, la vía principal que conecta la dimensión estética con la imaginación erótica. Y esto es lo que sucede cuando los Babasónicos nos ponen en la posición de voyeurs en su nuevo álbum grabado en vivo en el sur de la ciudad de México. Caracterizado por Adrián Dárgelos como la música de un show de televisión, nos invitan a echar un vistazo desde diversas perspectivas a lo más profundo de su obra o como canta el título “desde adentro”. La banda se convierte en nuestro objeto de deseo, se produce un efecto ilusionista que mezcla imágenes que nos seducen. Hay una fuerza de atracción entre los cuerpos que observan y los que se ofrecen para ser observados.  

¿Qué significa para los Babasónicos cumplir 25 años?

Diego: No nos cambia mucho, porque lo que estamos mirando es hacia la próxima obra, no hacia atrás. Ahora estamos con este especial Impuesto de Fe (Desde Adentro) y es algo que nos llevó mucho trabajo. Tuvimos que recopilar, elegir las canciones y reversionarlas para este caso. Nos agarra en un momento llenos de vida y productividad.

Teniendo en cuenta la gran cantidad de material que cosecharon todos estos años, ¿cuál fue la metodología para encarar la selección de temas?

D: Fue bastante complicado al principio. Pero es como todo, tenés que empezar y después te largás.

Tuñón: Se dio un caso con El Colmo que la versión nueva ya había nacido en los primeros ensayos. Pero teníamos mucho material para revisar, una enorme cantidad de acústicos y se fue dando. Llevó varios meses. Estuvimos encerrados desde marzo hasta octubre del 2015 en el estudio. En un momento cada uno empezaba a proponer qué hacer y después nos sentamos a ver cuál era la visión más macro del show .

“El rock no te pide nada a cambio, sólo que creas en él. La música te la regala, es gratis. Para que sobreviva, tenés que pagar una entrada, un impuesto de fe”  

Adrián

¿Por qué incluyeron dos temas nuevos dentro de todo un disco que apunta justamente a presentar reversiones?

T: Cuando nos ofrecieron hacer esto en Sony Music, implicaba inventar. Somos los primeros en probar este formato nuevo: una banda que se muestra de manera íntima y desnuda. Pero sin los clichés que se venían haciendo en los últimos 20 años. El disco llega con sed de novedad. Más allá de reversionar canciones, presentamos un álbum totalmente nuevo. Además, está pensado como un disco grabado en esa noche del show, todo en la misma performance. Grabamos algo completamente inédito de un solo tirón.

Están invitando a los espectadores a ser voyeurs desde diferentes ópticas y rompen con la clásica disposición del escenario donde está el público y el artista enfrentados

D: Estás viendo al mago hacer el truco (se ríe). Generar la magia.

Adrián: La pregunta es: ¿Podés hacerlo vos? ¿Podrías tomar nuestro lugar y hacerlo? Es una invitación. Nosotros lo hacemos adelante tuyo, parece simple, parece fácil, ¿pero podés ocupar este lugar? ¿Podrías estar ahí a esa distancia física con la gente? Tenés que saber que los espectadores sin embargo te pueden atravesar.

“No soy un inocente del espectáculo. Claramente busco una manipulación de lo que se vaya a ver”

Adrián

Vampi termina con una frase que dice “Ya no quiero ser un anormal”. ¿Están saliendo de la inconformidad, del choque y de lo caótico para pararse en otro lado?

A: (Exasperado) No habla de mí, habla de un vampiro, yo ya no puedo cambiar. El vampiro quiere morir de amor, yo no. El tipo quiere ser como todos, pero le es imposible, es un anormal. Por más que la situación tienda a lo común, no lo puede hacer, está siempre en la tragedia. Entonces seguimos en el drama. Estás en el mismo punto que los discos anteriores, el vampiro no encaja por más que pida a gritos encajar. ¡Qué ironía que un vampiro pueda pedir a gritos encajar!. Lo que decís está más cercano a la teoría que respalda el disco, que a una cosa nueva. Al final es un freak que no se puede adaptar. La diferencia con otros personajes es que este quiere pertenecer y no puede. Su esencia es contestataria porque nunca va a poder ser. 

D: Es una buena interpretación esa. Pero el vampiro sí tiene un conflicto, sólo que lo estamos contando desde otro lado.  

A: Nunca quisimos ser aceptados, yo soy un anormal. Todos quieren que les vaya bien y ser admirados. Cuando nosotros empezamos, no había futuro, mercado, ni posibilidad. ¿Para qué ibas a jugar que querías todo eso? Si no existía. A los que hacíamos música no nos interesaba. Era un oropel, una falsa profundidad. Ahora quizás correrse de esa posición es más difícil porque el mainstream te incorpora más rápido que lo que las bandas lo rechazan a él. El mainstream avanza a más velocidad.

¿Cómo fue el desarrollo tan poco ortodoxo detrás de este disco multiplataforma?

D: La narrativa es difícil. Tardamos demasiado tiempo ensayando las canciones para lograr un show totalmente diferente y una banda diferente que lo pueda llevar a cabo. Lo más complicado de todo, es que teníamos que hacer un disco entero en una sola noche. Cuando un disco se hace en un mes o en un año. Entonces, teníamos que estar completamente ensamblados para lograrlo. La idea era captar lo máximo posible en esa noche porque fue bastante escueto. Lo hicimos nada más cuatro veces al show, con público mucho menos. No hay vuelta atrás cuando lo tenés que hacer en vivo.

“Nosotros somos la oficina recaudadora de fe, imprimo fe. Hago una religión nueva (risas). Mi misión es salvar a los demás”

Adrián

Tenían la idea en un principio de hacer aparecer y desaparecer al público. ¿Por qué no la llevaron a cabo?

D: Por ahora la gente desaparece pero aparece en otros lados (risas).

A: Implicaba trucos de magia hacer eso. Con Panza hace mucho que queremos hacer shows con espejos, hacer aparecer y desaparecer cosas, nosotros, los instrumentos. Pero es imposible porque nunca nos toca estar como si fuese en Las Vegas, 20 veces en el mismo lugar. Todos los shows tienen distintos escenarios de planta, con diferentes formas, no podrías construir espejos para cada uno. Implicaría que todos los días diseñemos espejos adecuados para cada sitio donde tocamos. De ahí surgió la idea. Me encantaría hacer aparecer y desaparecer gente. Por ahora estoy intentando que pasen diferentes cosas en los shows.

¿Cómo por ejemplo hicieron en aquel mítico recital que dieron en el Maipo donde aparecían ninfas, una chica bailando en sombras chinescas y ustedes se veían en diferentes momentos?

A: Claro. Salíamos del escenario, entrábamos. Algo original que tuvo eso es que empezamos el show sin que el público haya entrado al teatro. Estaban todos afuera puteando y nadie se dio cuenta de que nosotros lo hicimos a propósito. Insulten, digan lo que quieran, eso era lo que quería que pasara. Eso es hacer una obra. No soy un inocente del espectáculo. Claramente busco una manipulación de lo que se vaya a ver.

Pero es importante que puedan reinventarse y ofrecer una propuesta diferente. Como vos Adrián dijiste muchas veces, hoy en día nadie va a ser Led Zeppelin…

A: Cuando digo lo de Led Zeppelin me refiero a que por más que haya cuatro personas paradas en un escenario, ya está inventada la sensualidad y el irrespeto. El rock no puede dar eso porque ya lo dio. Ahora no es novedad. Inclusive nadie puede tener ese carisma.

T: Lo más importante es no intentar emularlos.

D: Sobre todo a los Rolling Stones (se ríe).

¿Qué se esconde detrás del concepto de fe presente en el título del disco?

A: El rock no te pide nada a cambio, sólo que creas en él. La música te la regala, es gratis. Para que sobreviva, tenés que pagar una entrada. Es uno de los impuestos de fe que te puede cobrar el rock. La religión te pide un diezmo, tenés que darles tu salario, para creer en algo que no existe. El rock también es una fantasía. Desear, pagar, creer son parte de una rueda. No siempre tenés que pagar, podés creer y no pagar nada. Pero no en el rock. Supongo que el budismo no te exige nada. Este Gobierno por ejemplo, te pide que creas en él y que en unos años vas a tener plata, que tenés que esperar. ¿Qué te da a cambio? Dólar libre. Quieren que creas en ellos. Compren dólares si quieren, aunque no tengas pesos. Antes que te sobraba plata y tu salario tenía más fuerza de compra, no podías comprar dólares. Para el argentino que quiere creer en la moneda extranjera, ahí tiene el impuesto de fe.

T: Yo lo interpreto como llevar una vida donde tenés una fe absoluta al rock. Me siento así y disfruto totalmente de ese universo.

¿Y qué tuvieron que pagar ustedes por creer en el rock?

A: Nosotros somos la oficina recaudadora de fe, imprimo fe. Hago una religión nueva (risas). Creía en la fantasía de todos los discos que escuché, creí en todas las bandas. En The Cure, The Clash, Depeche Mode, Led Zeppelin, Black Sabbath. Viví adentro de lo que me proponían. Para ver eso vas a tener que pagar la entrada porque es el único lugar donde podés ver sus misas. Mi misión es salvar a los demás.

T: Vengo a salvarlos del terrible reggaeton (se ríe).

D: A nosotros el rock nos cambió, nos salvó. De chico para mí era escapar del lugar donde estaba.

DF: Andy Larsen

Agradecimientos: Sony Music Argentina