MARTIN RON

¿Qué significa para vos hacer una intervención artística en una zapatilla como la Air Force 1?

Es la primera vez que me proponen reimaginar zapatillas. Al principio lo ví como un desafío, pero después me dí cuenta que era muy divertido porque tiene algo que me remite a la infancia. Yo me dedico a pintar murales desde muy chiquito y el hecho de intervenir paredes tienen que ver con un acto de rebeldía y de romper barreras. Pero, como artista, a las zapatillas siempre tenía que cuidarlas porque era lo que usaba. Y de repente esto significa todo lo contrario, no dañar las paredes y rebelarte con las zapatillas. Entonces hubo un punto de encuentro muy interesante, divertido y conmovedor.  

Realizas piezas muy grandes pero en este caso te toca trabajar con las AF1 ¿te cuesta adaptarte a espacios pequeños?

A mí realmente me cuesta un poquito porque uno se va acostumbrando y adoctrinando a la escala gigante. Pero sigue siendo un ejercicio de escala y eso también es interesante y bienvenido. En este caso fue una resignificación de la Air Force porque lo que hicimos fue explorarlas, desmembrarlas y descubrir qué posibilidad da el material para trabajar desde ahí. Lo interesante es que sea una experiencia, ya sea de formato gigante o formato pequeño, ningún trabajo es igual a otro. Como muralista, al trabajar con paredes, el lugar te condiciona . Uno tiene que hacer un ejercicio muy grande para tratar de entender una medianera, porque ninguna es igual a otra. Lo mismo pasa con la AirForce, como hay tantos modelos hay que hacer un ejercicio de adaptación, descubrimiento y experimentación.

Tu trabajo tiene mucho que ver con la cultura urbana, ¿encontrás un hilo conductor entre eso y las Air Force?

Las AF1 no son cualquier zapatilla: son un ícono de la cultura urbana y la contracultura. Por el formato que tienen y por ese blanco impoluto, es una pieza que pide a gritos ser intervenida. Casi que me da la misma sensación que cuando veo una pared, aunque suene un disparate. Y lo que me pasa es que pienso: “esto necesita algo más”. Con las Air Force me pasa lo mismo, la veo tan blanca, tan grande y tan anclada en la cultura popular que para mí siempre necesita un punto más. Y apropiarse de ella al intervenirla está buenísimo. Veo que todo el mundo lo hace y por qué no agarrar 20 millones de air force y construir algo gigante, que es lo que estamos haciendo.

En tus murales están muy presentes los ídolos populares y también el deporte. ¿Sentís que ese es el vínculo que te llevó a trabajar con Nike?

Pintar ídolos populares relacionados con el deporte es muy recurrente en mi obra, no porque me dedique a homenajearlos sino porque rescato esa escencia que tienen estos personajes. Son como avatares que se encuentran en la calle y quienes conviven en ella ven en ese ícono un símbolo de superación y trascendencia. En este caso para Nike estamos de alguna manera haciendo eso, rescatando o resignificando las Air Force que es ese ícono de contracultura. La idea es llevarla a otro plano y contar la historia desde otro lugar, quizá un poquito más artístico. Que no esté tan ligado al deporte y al deportista. Lo interesante es mostrar qué pasa cuando el ícono es la zapatilla y el material te permite lograr nuevas sensaciones y nuevos clicks en la cabeza.