“En marzo de 2016 asesinaron a la activista medioambiental Berta Cáceres. Allí se partió la historia de Honduras. El documentalGuardiana de los ríos‘, no es una biografía de Berta, aunque sí narramos su muerte injusta, su lucha implacable, pero esencialmente, la semilla que dejó, y que comienza a contar que aquí hay una crisis en el país más peligroso del mundo para defensores del medio ambiente. Esta es la Honduras que dejó Berta Cáceres”.

Antes del golpe de estado de 2009, la ley en este pequeño país centroamericano prohibía construir presas en zonas protegidas, como los territorios sagrados del pueblo Lenca. Desde que se cambió la norma se han construido 17 represas, pese a la protección internacional que Naciones Unidas y el Convenio 169 de la OIT brindan a la relación entre aborígenes, territorio y recursos naturales.

Los lenca son los guardianes ancestrales de los ríos hondureños -los consideran sagrados- y de los espíritus que los habitan, como el Gritón, que grita de día y de noche. “Dar la vida por la defensa de los ríos es hacerlo por el bien de la humanidad y del planeta”, afirma la voz en de la narradora del documental La Guardiana de los Ríos. Berta Cáceres pensaba lo mismo. Líder de la comunidad indígena, su oposición a Agua Zarca le costó la vida en 2015. Antes habían amenazado con violarla, con atacar a su madre y con secuestrar a sus hijas.

Producido por Radio Progreso, recoge los testimonios de ciudadanos, indígenas, compañeros de la activista distinguida con el premio ambientalista más prestigioso del mundo, el Goldman, como doña Meches, que confiesa que “las cosas van un poco mal, porque los compañeros de lucha hemos sido siempre amenazados por la gente de la represa” y añade que “uno siempre anda con temor porque sabe que andan rondando la comunidad y por eso siempre estamos alerta”.

Según Global Witeness, Honduras es “el país más mortal del mundo” para los defensores de la naturaleza. Entre 2010 y 2015, al menos 109 activistas fueron asesinados. En el caso de los indígenas, es especialmente peligroso: de los ocho activistas asesinados en 2015, seis lo eran. Justo un año después del asesinato de Berta Cáceres, su compañero Nelson García corría la misma suerte.