FIO SILVA

 

texto. Stephanie Peuscovich / @stephiepeusco


Tus murales siempre tienen que ver con animales de agua, aire o tierra y hablas de que ese movimiento se relaciona con lo orgánico. Y eso con la transformación constante que implica estar vivos. ¿Qué te produce la recepción de tus obras?, ¿cómo llegaste a elegir tu estilo?

Mi intención siempre es hacer algo que represente movimiento, que no está estático. Cuando empecé a dibujar y a pintar en la calle no sabía qué era realmente lo que quería decir. Al principio lo empecé a hacer por diversión y después entendí al dibujo y a la pintura como un medio para realmente poder decir algo o demostrar una inquietud y justamente esa inquietud se transformó en movimiento. Era un momento en el que yo estudiaba en la facultad y trabajaba pero sentía que era todo igual y necesitaba moverme y cambiar. También creo que es parte de mi personalidad o de mi ansiedad que la quiero sacar y exponerla de esa manera. El movimiento se puede entender desde muchísimos lugares o con diferentes sentidos. Capaz suena demasiado cliché o profundo pero para mi en la vida buscas algo todo el tiempo, nunca paras o llegas a algún lugar. O tal vez llegas pero ya querés otro, entonces es siempre un movimiento.

 


“Incluso me pasa que empiezo a pintar pensando en una cosa y cuando termino el mural el significado es otro”.


 

Las obras le transmiten a la gente movimiento o fuerza, en algunos casos es más intencionado o más agresivo y en otros más sútil. Muchas personas lo sintieron porque de alguna manera se entiende lo que quiero transmitir. Pero cada interpretación es muy personal. Incluso me pasa que empiezo a pintar pensando en una cosa y cuando termino el mural el significado es otro. El pensamiento se va transformando en el momento que se va haciendo.

 

Según la Agrupación de Mujeres Muralistas Argentinas el 84 por ciento de los murales que están en la Ciudad fueron pintados por hombres. Y no es por falta de muralistas mujeres sino por oportunidad. Teniendo en cuenta que trabajas en la calle, y que ese espacio público estuvo históricamente relegado a los hombres, ¿cómo interactúas con eso?

Desde que yo empecé hasta ahora sigue habiendo una mayoría de hombres en todo lo que respecta a la gestión y al uso o a la intervención de los espacios públicos en todos los proyectos. Incluso en algunos festivales donde se invitan a mujeres, las paredes para pintar son más chicas en comparación. Es un lugar que obviamente está manejado completamente por hombres, como en la mayoría de los espacios de la vida. A mi me pasó que cuando empecé a salir a pintar lo hacía solo con chicos y después conocí chicas que también pintaban en la calle y salimos juntas. Hoy en día hay una organización (Agrupación de Mujeres Muralistas Argentinas) y desde mi lugar nunca me sentí incapacitada para resolver algo que un hombre podía resolver en la calle. Yo uso escalera, llevo las pinturas, uso grúa, hago exactamente lo mismo. La misma fuerza física y el mismo tiempo de trabajo. Obviamente sé que esto tiene que cambiar, pero creo que es un aspecto más de la expresión del machismo.

 

¿Cómo crees que llegaste a tomar tu lugar en la calle?

Si el ámbito en el que te moves es machista, hay más hombres que pueden hacer su trabajo respecto a las mujeres. Naturalmente, en mi barrio había más chicos que chicas que pintaban, o por lo menos yo no las conocía. Y nunca me sentí en desventaja pero recuerdo que al principio, porque ahora hay una mayor concientización, me subestimaban por ser mujer: “ella no es tan seria”, “está buscando otra cosa”, “no entiende cómo pintar”. Hasta incluso, suena estúpido pero te juzgan por el hecho de arreglarte o por desenvolverte con confianza y se toma como que querés estar con algún pibe.

 


“Y hoy existe el feminismo y la lucha es lograr una equidad entre los géneros en todos los aspectos: económicos, sociales, culturales, etc”.


 

Fio Silva

¿Cómo rompiste con eso?

Con acción. Pintando paredes grandes y saliendo con escalera. Por hacer las mismas labores que hace un hombre por mis propios medios sin necesitar de ellos para hacerlo.

 


“Yo estoy tratando de romper con ciertas nociones que son machistas con las que me críe”.


 

¿Crees que el momento que se vive en el país (y en el mundo) deja el camino un poco más fácil para las mujeres?

Creo que falta mucho pero ya hay palabras y se puede nombrar esto. Cuando algo se puede decir es porque existe. Y hoy existe el feminismo y la lucha es lograr una equidad entre los géneros en todos los aspectos: económicos, sociales, culturales, etc. Yo creo que la noción de esa lucha ya existe. No sé si va a ser realmente más fácil o va a cambiar, pero por lo menos ya existe y no se puede volver atrás. Inevitablemente yo creo que va a ser mejor pero todo depende de empezar a cambiar y es un proceso paulatino. Tal vez en 10 años logremos que en los festivales el 50 por ciento de los participantes sean mujeres y el resto varones, o por lo menos que no sean todos hombres. Tampoco encasillar todo en hombre-mujer, que se rompa esa división aunque antes hay que dar una paridad. Es un proceso de todos, yo estoy tratando de romper con ciertas nociones que son machistas con las que me críe y que pienso “esto no va así, tiene que cambiar”. Yo también siento que estoy en un proceso de cambio.

 

¿En qué proceso?

El ser compañeras entre nosotras. Por ejemplo yo conocía el trabajo de algunas chicas hace un montón pero no nos conocíamos personalmente ni habíamos hablado. Y en un ambiente en donde hay muchos hombres haciendo esto, es importante las relaciones entre nosotras. Podemos ser amigas, compartir trabajos e informarnos y tratar de cambiar todo juntas, organizadas. Yo por lo general pinto sola y siempre fue así, pero ahora siento que no estoy sola. Hay una cantidad enorme de chicas tratando de hacer las cosas de modo colectivo.

 


“Siento que tengo mucho de mi barrio, de mi lugar.”


 

Volviendo a la calle, que es tu lugar de trabajo, tenés muy presente el barrio y la identidad que eso conlleva. ¿Cómo definirías tu propia identidad barrial?

Siento que tengo mucho de mi barrio, de mi lugar. Ahora vivo en otro barrio pero yo empecé a pintar en Villa Tesei y creo que el conurbano en si tiene algo, que no lo podría explicar. Pero claramente al viajar a otros lugares y conocer gente que pinta en la calle, me doy cuenta que el lugar donde nací me dio una libertad muy grande para poder pintar sin tantas trabas. Además eso de juntarse con amigos mientras estás pintando y armar pintadas entre todos. Creo que hay ciertas cosas del lugar que se diferencia de otros. Al mismo tiempo, de cada país al que voy me llevo algo y aprendo y también veo similitudes con otros barrios, culturas y personas. Pero me parece que hay algo que no pasa por ejemplo pintando en Capital, o en otras zonas de Zona Norte e incluso en otros países de América.