Los restaurantes se han convertido en los nuevos atractivos turísticos de América Latina. Lugares como Pujol en Ciudad de México; Astrid & Gastón y Central en Lima; Tegui en Buenos Aires, y D.O.M en São Paulo atraen a visitantes como lo pueden hacer los museos, las ruinas y las playas.

A fines de septiembre se anunció en Ciudad de México la lista Latin America’s 50 Best, una versión regional de la clasificación World 50 Best, que cada año reconoce a los mejores restaurantes del mundo a través de un sistema de votos.

En América Latina, desde que la clasificación regional fue creada en 2013, la historia parece repetirse año tras año: los restaurantes de Perú, México y Argentina, de los 28 que conforman el subcontinente, acaparan el 60 por ciento de la lista de los mejores de América Latina. En 2014 y 2015 estos tres países ocuparon 29 lugares de los 50 disponibles.

Este año no fue la excepción. Los mejores restaurantes de América Latina están en estos tres países de acuerdo con la lista. Las cocinas peruana, mexicana y argentina obtuvieron nueve menciones en el listado cada una; Perú ha encabezado el ranking durante cuatro años consecutivos.

La razón de la hegemonía culinaria que mantienen estas naciones, explica Diego Salazar —director de la academia de los 50 Best en la región Sudamérica Norte—, está en el origen de sus cocinas.

Perú y México, afirma, tienen historias casi paralelas. “En el aspecto gastronómico comparten una serie de factores que han hecho que ambos países tengan las cocinas más importantes de la región: son dos grandes imperios precoloniales, los dos con un territorio muy fértil y diverso, la biodiversidad, el océano”.

Además, sus capitales, Lima y Ciudad de México, fueron también capitales de los virreinatos durante la Colonia. En esas ciudades se fusionó la cocina española influenciada a su vez con la árabe y la portuguesa, lo que ayudó a enriquecerla.

En México está más arraigada la cocina precolombina. Perú, por su parte, gozó de una migración importante de chinos y japoneses, ambas culturas de una gran riqueza culinaria.

Pero hay otros factores que exceden la tradición y el paladar en la construcción de esta hegemonía culinaria. Para probar la mejor comida de América Latina, primero hay que saber dónde está y después llegar a ella.

En América Latina se abrieron espacios y foros —Mistura en Perú, Mesamérica en México o Ñam en Chile— para discutir algo que para todos era evidente pero pocos podían explicar: la riqueza culinaria de América Latina.

Algunos gobiernos de la región —primero Perú, donde las cifras oficiales señalan que el turismo genera casi un cuatro por ciento del producto interno bruto; luego México, donde esta actividad aporta el 8,6 por ciento al PBI— vieron el potencial que tenían entre manos y crearon planes de desarrollo turístico tomando como base su cultura culinaria. Son países marca que tienen a la cocina entre sus principales activos.

La afluencia turística es una de las razones para que algunos países mantengan su hegemonía entre las cocinas de la región. Más allá de las características culinarias, dice Raquel Rosemberg —directora de la región Sudamérica Sur de la academia de los 50 Best—, es fundamental tomar en cuenta las cifras de visitantes extranjeros.

Perú, por ejemplo, que según Business Insider es el país que mayor cantidad de visitas ha recibido en 2016, ha sido elegido también como Mejor Destino Gastronómico del Mundo en los últimos cuatro años, desde que los World Travel Awards crearon esta categoría.

Fuente: New York Post