Illya Kuryaki and the Valderramas

Illya Kuryaki and the Valderramas Revista Watt

Hace ya cinco años que Illya Kuryaki and the Valderramas sorprendió con un retorno a los escenarios para celebrar la música. Fuertemente consolidados y mimetizados, presentan el disco sucesor de ChancesL.H.O.N. (La Humanidad o Nosotros).

Texto. Florencia Garibaldi / Foto. Mariano Michkin


Nuestra vida está unida por un cordón umbilical de ritmo” dice uno de sus temas más conocidos de los 90, y esa frase representa perfectamente a estos dos músicos, amigos de toda la vida, conectados entre sí por ese ritmo que le brindan al “mundo perro”. Luego de haber recorrido un camino solista, el magnetismo fue más fuerte y los imanes se volvieron a unir. Atravesaron la vuelta como dos soldados espartanos “afilando la espada certera”. Lograron perpetuarse, despegar de la superficie y ser la “clicka” que el alma inunda. Ahora les toca ir para adelante, como anuncian en este nuevo disco: “Por eso sigue y nunca mirés hacia atrás”.

¿Cómo viven la vuelta tras diez años de separación?

Emmanuel: La palabra vuelta ya queda un poco vieja. Estamos en el puro presente. Este presente nuestro obedece a que el retorno funcionó. Después de diez años de estar separados descubrimos que íbamos a poder disfrutar de nuestra música juntos, muchas piezas se habían acomodado. Siempre hacemos caso a lo que música manda, más allá de que seamos amigos. Cuando nos separamos fue una decisión artística y la vuelta se tenía que dar en ese mismo contexto de vernos fortalecidos y poder hacer música juntos.

Dante: Somos tanto Illya Kuryaki como solistas. Tenemos la posibilidad de entrar y salir de eso como queramos. Podemos sacar discos kuyakis, discos solistas, discos kuryakis, discos solistas. Entrecalado. Creemos en eso, cada uno se tiene que dar el gusto en vida.

“Siempre vamos a ser el soundtrack de los diferentes. La música que se escucha en la radio no tiene nada que ver con nuestra propuesta. Aceptamos que es nuestro rol y maximizamos eso, la libertad”

¿L.H.O.N. viene a asegurar la unión?

D: En este disco justamente volvemos a producir como en los 90 nosotros dos solos. Cuando hicimos Chances fue volvernos a acercar conceptualmente. Este ya nos encuentra con varios años juntos y con un IKV totalmente formado. Tomamos un camino que es más maduro, hay muchas canciones tranquilas. Es un encare diferente. Crecimos y tenemos ganas de mostrarlo. Siempre hicimos canciones pero no  le dábamos tanta bola en un show en vivo. Hoy en día, cambió nuestra visión al respecto desde que empezamos a notar lo que pasa cuando tocamos. Dijimos: “Che boludo esto lo estamos re disfrutando”. Cuando éramos chicos teníamos ganas de romper todo, todo el tiempo.

E: Se habla mucho de seguir, de no mirar hacia atrás, de ir para adelante. Sobrevuela ese estado de nueva fe, una fe de quien se ve medio entre la espada y la pared, y tiene que salir de ese sentimiento con fuerza porque no le queda otra. Hay igual un apocalipsis de ciencia ficción que siempre estuvo en Kuryaki.

Como solistas se pudo ver qué estilo le aportaba cada uno a la fusión Kuryaki. ¿De qué manera volvieron a mezclarse?

D: No es tan así. Cuando estamos juntos los dos somos raperos y los dos hacemos baladas. Los dos fuimos para lados totalmente diferentes, pero juntos no es que yo soy el que hace los raps y Emma canciones. Cada uno navega en su bote mental hasta que se ancla en Illya Kuryaki and the Valderramas, porque comprendemos que es otro concepto. Hay mucha libertad, no tenemos límite, nos damos manija en legalizar cualquier ley musical que se nos aparece. Son como flashes.

“Separarnos fue una decisión artística y la vuelta se tenía que dar en ese mismo contexto de vernos fortalecidos y poder hacer música juntos”

La diferencia entre el IKV viejo y lo de ahora es totalmente notoria. Sin embargo, tocás en vivo Jennifer del Estero y la gente se vuelve loca…

E: Porque son los clásicos nuestros. Ya tienen inclusive un peso más grande que el momento en que vieron la luz. Cuando las tocamos la gente las siente de otra manera. Se acuerdan de cuando las escuchaban con sus amigos de la secundaria. Hemos visto personas abriendo los brazos como si fuera una canción de devoción. Muchos crecieron con nuestra música. Eso es algo que se siente. No éramos normales además (risas).

D: Siempre vamos a ser el soundtrack de los diferentes. Por más que ahora todos estén acostumbrados a que existamos, la música que se escucha en la radio no tiene nada que ver con nuestra propuesta. Aceptamos que es nuestro rol y maximizamos eso, la libertad. La gente que se suma a IKV ahora entiende que de pronto tenés una canción como Gallo Negro pero luego una como Sigue.

Fueron pioneros en Argentina por hacer del mestizaje un estilo. Más allá de que el oyente cambió su oído, ¿no son ustedes también otros?

D: Hoy en día es más fácil escucharnos porque se acostumbraron a nosotros y también las redes cambiaron mucho todo. Antes no era así, escuchar algo tan mestizo.

E: Arrancamos con la música cuando la cuestión de los géneros estaba mucho más dividida. Tocábamos en un boliche y nos gritaban “Hagan rock and roll”. Obviamente que nosotros veníamos de familias del rock y no teníamos que explicar nada, ¿no? En estos años ha cambiado mucho todo y nuestra propuesta musical se acomoda a eso. Pero somos los mismos que éramos antes.

D: Hemos evolucionado, tenemos otras prioridades, por ejemplo hijos. En esta vuelta, estamos disfrutando poder vivir esta historia que arrancamos hace tantos años. Es juntarnos con amigos en el estudio, sacar las canciones y ver como todo florece cuando sale el disco a la luz. Bajamos un cambio. Si no siempre se está con “FOMO”, fear of missing…. algo.

E: Fear of missing orto (risas).

“Pasamos de tener la inocencia de pibes chicos a enfrentarnos con un público muy masivo donde tuvimos que armar unas barras bravas para evitar el quilombo”

Con 15 años estaban tocando con Fito Paez. ¿No les parece que tuvieron un lugar asegurado por estar en la cocina del rock nacional?

D: Fuimos aceptados como éramos y eso nos dio un empuje para decir “está bien ser uno”. Toda esa bipolaridad musical que manejábamos y esa comprensión más universal de que hay momentos para todo. Hay días que llueve, otros que sale el sol, otros que estás triste y otros que te cagas de risa. Teniendo eso cuenta no teníamos límites para crear. Crecimos escuchando rock nacional, rap, funk, jazz. Y si me gustaba todo me preguntaba por qué tenía que limitarme a cantar una canción de un estilo determinado. Si vos ves todas esas influencias en el nuevo disco están también metidas de manera muy clara.

¿Les afectaba que su música sea incomprendida?

D: Sí, teníamos una gran resistencia. Hemos pasado momentos muy difíciles por eso. Nos tiraban piedras en los festivales y después terminaban saltando con las canciones. En los noventa era todo mucho más sectorizado, por ejemplo no podía existir un Lollapalooza, se mataban. La gente era muy de cancha, iba a ver a su banda. Pasamos de tener la inocencia de pibes chicos a de repente enfrentarnos con un público muy masivo donde teníamos que armar como unas barras bravas para que no se genere quilombo. Tuvimos que mover elementos que no nos gustaban tanto por nuestra seguridad. Pasaba acá, pero llegábamos a México y era otra energía. Nos dimos cuenta que no podíamos hacer nada esperando el amor por siempre y entonces teníamos que ser libres.

“Cuando nos juntamos surge una tercera manera de ver las cosas donde está fusionada nuestra fe y vivencias. Es un ejercicio extraño pero emocionante”

Versus es un gran disco que nadie comprendió en 1997 y no tuvo éxito…

D: Sí, era tremendo pero la gente no lo entendió. Es que no tenía un hit gigante adentro. Cuando nos fuimos, en el último show que hicimos en el año 2000 fue en la Trastienda para 300 personas y volvimos para 25 mil. Las carreras solistas fueron potenciándonos pero Illya Kuryaki creció de boca en boca. Hoy todo el mundo dice que Versus es el mejor disco. Sí, pero yo no los vi en ese recital bancándome (se ríe).

Son amigos de toda la vida y uno se define por lo que otro es y no es a la vez. ¿Cómo funciona eso tan simbiótico a la hora de crear?

D: Cuando nos juntamos es para trabajar con el mismo objetivo, hacer un disco que nos represente a los dos y nos haga felices. Hacemos lo mejor por el concepto de la banda. También nos repartimos tareas, aprovechamos esto de ser dos. Cuando la situación está tan afianzada como hoy, nos podemos relajar y delegar. Cuando éramos más chicos estábamos todo el tiempo los dos con todo, ahora estamos más tranca. Después de pasar por mil cosas, algunas con mucho dolor, otras increíbles, que aparecen mucho en los temas, estamos en el momento de seguir.

E: Estos últimos discos las letras las pensamos entre los dos y naturalmente pensamos diferente cada concepto. Sin embargo podemos escribir de a dos. Es posible trabajar por separado pero cuando nos juntamos surge una tercera manera de ver las cosas porque está fusionada nuestra fe y vivencias. Es un ejercicio extraño pero emocionante.