Mediante una artimaña del destino, el mundo de la peluquería llegó a Juan Manuel Cativa sin que lo buscara. Luego de trabajar desde los 18 años bajo el ala de Roberto Giordano, y perfeccionarse en estados unidos, decidió independizarse. Abrió Mala en el corazón de Palermo Soho y se convirtió en el elegido de las celebrities argentinas.

Texto. Florencia Garibaldi / Foto. Monstruo Estudio


Cuando tenía 18 años, Juan era promotor de fragancias para la marca Armani. Un día, pasó por la puerta de un local de Giordano ubicado en la calle Güemes, vio una cola inmensa que daba vuelta a la cuadra y le llamó la atención. En aquel momento, lo que no sabía es que allí se encontraba su futuro. Una chica lo observó, lo detuvo y le consultó si le interesaba participar de una búsqueda laboral. Sin saber de qué se trataba, entró a la peluquería y terminó siendo seleccionado para abrir la puerta del lugar a los clientes. Sin darse cuenta, estaba dando los primeros pasos en lo que se convertiría en su carrera.

A los dos meses, ya conocía el manejo de toda la peluquería y el siguiente rol que le tocó cumplir fue el de lavar cabezas. En ese entonces, Giordano contaba con 16 sucursales y había largado un concurso para los empleados, que consistía en que el que más shampoo vendía, se ganaba un viaje a Los Ángeles. “Me lo gané y me fui. Era de la marca Sebastian. Una vez allá me contrataron para que fuese la imagen de la compañía porque daba con el perfil. Tenía 19 años, el pelo largo por la cintura y me lo cortaron en vivo en los estudios de Fox. Al principio no sabía ni cortar ni peinar, pero después de aprender, ya estaba dando notas en los medios. Me educaron, me enseñaron a maquillar y a peinar. En Estados Unidos el peluquero hace todo”, cuenta Juan. Estuvo seis años viajando y perfeccionándose con Sebastian y después trabajó para el canal Fashion TV.

Luego, pasó a organizar los famosos desfiles de Giordano, en los que se ocupaba del armado, del vestuario y hasta de las modelos. Gracias a esto, entró en contacto con el mundo de la moda. “Me sabía de memoria cuanto medía cada modelo, las peinaba, las maquillaba y las vestía. Esos desfiles eran lo más. Me fueron quedando muchísimos contactos de esa época. Después también trabajé con las generaciones más jóvenes en eventos de Floricienta, Rincón de Luz y en desfiles de John Foos. Así conocí, por ejemplo, a la China Suárez y a Lali Espósito”. Entonces, empezaron a llamarlo todas las famosas y hoy ya es el peluquero oficial de muchas de ellas e incluso son sus amigas.

“Tengo planes de seguir expandiéndome pero me gusta hacer las cosas de a poquito y no quemarme. Es un laburo que se hace con pasión”

De Giordano se fue en el 2008 y a fines de ese año abrió su propio proyecto: Mala. “Ya la empresa no estaba bien económicamente y yo quería hacer algo por mí mismo. Probé y abrí una pelu chiquita. Mi apellido en italiano significa mala, por eso le puse así. Apenas la abrí, le fue re bien. La enfocamos primero en lo que es el color, después corte y peinado. Luego, le agregamos el resto de cosas como manos y pies”, asegura Juan. Hace cinco años, en paralelo, lo llamaron de Pantene por haberse convertido en un peluquero popular y lo hicieron embajador de la marca de cuidado de pelo.

Finalmente, en el 2016, llegó el nuevo local, ubicado a una cuadra del otro, que actualmente está cerrado pero que pronto abrirá sus puertas para ser una academia de peluquería y maquillaje. “Tengo planes de seguir expandiéndome pero me gusta hacer las cosas de a poquito y no quemarme. También es mucho trabajo y me volvería loco. Es un laburo que se  hace con pasión y que te tiene que gustar”.