Desde el 2002 dirige el suplemento Las 12, en el diario Página 12, y en el 2008 creó el Suplemento LGTBQ Soy. Es militante de la agrupación HIJOS y una de las organizadoras del grito colectivo contra la violencia machista, ni una menos. Trabajó en televisión, radio, escribió varios libros, y logró darle voz a cuerpos silenciados y marginados. Forma parte de la colectiva Lohana Berkins, es periodista, activista, feminista, lesbiana y una de esas escritoras que con cada palabra que vuelcan al papel producen una revolución.

Texto. Florencia Garibaldi / Fotos. Monstruo Estudio


Con tan sólo 16 años, casi sin saberlo, dio sus primeros pasos en el mundo del periodismo. Empezó en Radio Nacional Mendoza, en un programa de trasnoche. Luego de tener a su hija, se sentó a pensar qué podría hacer para generar su sustento y llegó a la conclusión que lo que mejor sabía hacer era escribir. Primero, arrancó en el diario Nuevo Sur, que duró dos años y pertenecía al Partido Comunista. Allí aprendió a contar historias y era la única mujer en una sección masculina como lo es policiales. Cayó el Muro de Berlín y con él, el Bloque Soviético, y el diario cerró. Junto a algunos de sus compañeros unieron sus indemnizaciones y crearon la revista de relatos eróticos llamada El Libertino. Mientras tanto, pasó por la carrera de Sociología, por Ciencias Políticas y por TEA, sin concluir ninguna. “Soy la famosa autodidacta”, se define Marta.

Luego de una época que caracteriza como dura, porque tuvo que pasar por diferentes trabajos no relacionados al periodismo, en 1995 comenzó a escribir la columna “Vivir con Virus” en el diario Página/12. “Me diagnosticaron VIH positivo y eso fue un palazo. La producción de discursos que había en torno al SIDA era que te morías sí o sí y que eras alguien intocable. Era un momento donde había campañas, pero que hacían alusión a la muerte. El mensaje era: metete en la cabeza que el SIDA mata. Lo que faltaba era la voz de quienes ya nos habíamos infectado y no éramos la muerte. A nosotros y nosotras nadie nos hablaba. Además, había poco discurso en relación a las mujeres. Todos los libros que salían tenían que ver con la experiencia de varones gays”. Su columna apuntaba a mostrar el otro lado de esas campañas oficiales y ponerse a sí misma como aquel “fantasma” al que todos creían que había que temerle. 

Tras llegar a ser editora del suplemento Las 12, dio a luz al suplemento Soy porque consideraba que faltaba más inclusión, ya que Las 12 apuntaba a ser heterosexual. Tras varios rechazos y encontronazos, logró que le dieran la derecha con su proyecto. “Una cosa era hacer en Las 12 una nota sobre lesbianas y otra celebrar que las mujeres fuesen lesbianas. Y ¿por qué no lo celebrarían? En Página/12 pretendían notas medio antropológicas. Había una limitación. Si pensás en género no podés dejar afuera a las cuestiones LGBT porque construís un modelo de mujer heterosexual. Los feminismos ya no pueden pensarse como puros, son interseccionales, con la orientación sexual, la identidad de género, la raza, la clase. La idea era abrir el panorama y que el diario hable de vos también. Era crear algo donde haya debate, agenda de las cosas que pasan, pensamiento crítico. Además era un momento de ampliación de derechos. El Soy sale en 2008 y el matrimonio igualitario se dio en 2010”, cuenta Marta quien al mismo tiempo fue madre de su hijo Furio junto a la cineasta Albertina Carri y al diseñador Alejandro Ros.

“Hay necesidad de estar en un lugar donde no te obliguen a ser de determinada manera. Quiero imaginar que hay revoluciones posibles y que podemos pensar en el fin del patriarcado”

Con Albertina se conocieron en el bar de Javier Urondo, quien al igual que Marta, es hijo de desaparecidos. En aquel lugar celebraron su boda y bailaron durante seis horas en un mediodía emotivo y celebratorio con sólo dos discos: uno de Madonna y otro de ABBA. Juntas lanzaron la productora Torta y tuvieron a Furio mediante inseminación. Querían que su donante fuese conocido y eligieron para esa tarea a su amigo Alejandro, quien hoy oficia de padre.

En el 2010, mientras Marta viajaba por el país vasco, recibió uno de los llamados más importantes de su vida. El Equipo Argentino de Antropología Forense, había encontrado los restos de su abogada y militante mamá (Marta Taboada), que fue secuestrada y de-saparecida en 1976. Ese rencuentro con los restos de su progenitora se cristalizó en el libro “Aparecidas”. “Era difícil mencionarlo. Le contaba a alguien que encontraron a mi vieja y a veces entendían que estaba viva. Para mí murió cuando se la llevaron. Escribí el libro “Aparecida”, que tuvo que decantar. La encontraron en 2010, la pudimos enterrar en el 2011 por todo el trámite legal y me pude sentar a escribir a lo largo del 2015”.

En Las 12 Marta allanó el camino para hacer visible la violencia de género. Fue una de las encargadas de demostrar que la violencia machista existe, explicó de qué se trata el patriarcado y se paró del lado de las víctimas para que dejen de culpabilizarlas por lo que les sucedió. “Se daban los discursos mediáticos violentos y la reiteración de muertes de chicas muy jóvenes descartadas como basura en bolsas. Nos juntamos entre amigas intelectuales, escritoras, comunicadoras y dijimos: ‘hagamos algo’. Una opción era hacer una performance leyendo adentro de bolsas. Tras varias muertes, hubo un rumor social que era fértil para que surgiera Ni Una Menos. Pensamos en salir a la calle como algo chiquito y nació lo de ir al Congreso. La difusión fue polémica por los carteles y estuvo bueno porque se armó en grande”, relata Marta y afirma que se produjo una jerarquización de la voz de las mujeres y las denuncias crecieron exponencialmente gracias a ese duelo colectivo realizado en honor a aquellas que ya no tienen voz.