SI BIEN NO SE CONSIDERA PERIODISTA DE ROCK, FUE UNO DE LOS PRIMEROS EN LLEVAR LA MÚSICA A LA TELEVISIÓN Y ARMAR UN PROGRAMA BASADO EN LO INEXISTENTE. DESDE ALLÍ, TUVO LA OPORTUNIDAD DE ENTREVISTAR A LOS MÁS GRANDES REFERENTES ROCKEROS DEL MUNDO Y DE NUESTRO PAÍS.

Txt. Florencia Garibaldi / Foto. Monstruo Estudio


El Bebe es una marca registrada. Su nombre, su cara, su peinado, son parte de un producto que supo inventar e imponer. Hace casi dos décadas arrancó en TN a hacer La Viola, que aún continúa con la misma fuerza con la que arrancó. Vino a llenar un hueco vacío y se convirtió en una figura. Hace poco arrancó con Vivo Rock, en Quiero Música En Mi Idioma y un nuevo ciclo televisivo que se llama Rock del País. Además, a pesar de estar en una etapa muy familiar, sigue presente en la noche con La Viola Bar. 

¿Cuál fue la banda con la que entraste a la música?

El momento clave en el que me acerco a la música, fue cuando me encontré en mi casa, a los once años, el primer disco de los Abuelos de la Nada. Escucho la voz de Miguel Abuelo cantando Marinero Bengalí, que empieza con un recitado que dice: “Yo te recuerdo cariño, mucho fuiste para mí, siempre te llamé mi encanto, siempre te llamé mi vida”, y arranca el sonido. Quedé cautivado y empecé a investigar. Leía la revista Pelo, me iba a comprar casetes, y de ahí seguí con Virus, Charly García, Soda Estéreo. Arranqué con el rock argentino, después llegué a los Beatles, Bob Dylan y todos los demás.

Cuando eras chico le mandabas cartas a Andrés Calamaro y hoy son muy amigos. ¿Cómo llegaron a entablar una relación?

En aquel entonces no había internet. Era 1984, y le escribía cartas a Serrano 1919, en Palermo, donde él vivía. Me iba hasta el correo de San Isidro a mandárselas. Y un día me respondió. A la vieja usanza. Le escribía sobre sus letras, le contaba los análisis que hacía, que me pasaba con su música y le decía que lo admiraba. Tenía 14 años y él muy educadamente me respondía. En un momento me pasó su teléfono y lo empecé a llamar. Después arranqué a ir a la casa. Hoy no se podría hacer. Todo es más fácil pero más difícil. Los músicos reciben mensajes por todos lados. Antes tenías que escribir la carta a mano, moverte para mandarla, comprar la estampita. Esperar a que le llegue. Esas cartas a Calamaro fueron mi primer acto periodístico sin darme cuenta. Al propio autor le estaba contando lo que pensaba de su música.

La Viola aparece en un momento en que el rock no tenía presencia en los noticieros, ¿por qué decidiste fusionar el periodismo con la música?

Venía de hacer programas en radio, como Costumbres Argentinas. Hasta que me llamaron para entrar a TN cuando recién se había creado y mi primer trabajo ahí fue ser productor de noticias. De a poquito me di cuenta que quería crear algo para divertirme y que sea diferente a todo lo que existía. En el 96 entonces arranqué con La Viola, donde hacíamos noticias sobre música. El gerente de noticias aceptó la propuesta y fue una visión más de él y del canal que mía. Para mí ya era algo normal el rock. El noticiero era muy estructurado y que de golpe tomaran la decisión de meter un programa de música, fue lo que hizo todo esto posible.

¿Es verdad que al principio los músicos que eran tus amigos te ayudaban a hacer las notas?

El primer programa fue con Charly García porque era mi amigo, después Calamaro, después Charly y el cuarto Calamaro (risas). No teníamos ni idea a quién llamar para entrevistar, no había producción, ni forma de contactar a nadie. No existía ni de cerca la organización que hay hoy, como agentes de prensa, compañías discográficas con área de comunicación. Era muy difícil investigar y llegar. Los músicos me ayudaron mucho. No teníamos Internet para estudiar a un entrevistado previamente. Ahora sólo con entrar a Wikipedia te enterás a quién tenés en frente. En esa época si no sabías quién era porque lo habías escuchado, difícilmente ibas a tener idea sobre qué preguntarle.

¿Por qué seguís una metodología de no armar preguntas antes de una entrevista?

De la vagancia inventé mi propio estilo, no es preparado. Jamás logré sentarme con una lapicera y una hoja a escribir una nota antes de hacerla. A lo sumo las que son en inglés, me anoto algunas palabras claves para después seguir un lineamiento pero nunca una pregunta entera.

¿Pero no te genera miedo ir sin preparación y enfrentarte a gente como Mick Jagger o Madonna?

Muchísimo miedo. Entrevistar a personalidades tan grandes, a genios, es difícil. Ver que están redondeando una respuesta y no tengo pensada la siguiente pregunta me pone nervioso, pero me termina saliendo y todo se convierte en una charla. Ese es el estilo que me armé. Algunos te contestan re cortito y te matan. Pero con los años adquirí algunas mañas y tips, para saber cómo resolver una situación y sacar preguntas de la nada ante cualquier silencio que se genere. Al no tener un listado preparado, estoy muy pendiente de lo que me responden para una repregunta y de eso sale algo buenísimo.

Tu primera nota internacional encima fue con los Rolling Stones, ¿qué te pasó que te pusiste a llorar?

Cuando terminé la entrevista con Keith Richards, me largué a llorar. Lo tenía en las tapas de mis cuadernos, era mi ídolo, tenías posters en casa. Lo abracé, me apoyé en su hombro y lloré. Acababa de entrevistar a uno de mis héroes de la adolescencia. La nota fue muy buena, me solté mucho. La había preparado encima, pero el papel lo perdí antes de comenzar y terminé improvisando. Él se enteró que era argentino, me dio charla, así que me produjo mucha emoción.

Arrancaste con el programa Vivo Rock. ¿Qué diferencia tiene con lo que ya venís haciendo hace casi veinte años?

Tiene una gran relación con los orígenes de La Viola y del rock en sí mismo. Pero la diferencia es que por primera vez tengo un estudio. Siempre grabé y trabajé en exteriores. En Quiero tengo mi propio lugar, donde puedo hacer las notas, con un sillón y vienen muchas bandas consagradas, pero también emergentes. El programa está pensado para que se genere un espacio de charla y que después toquen en vivo. Es más estético, pero me da más tiempo de poder profundizar en la charla con cada invitado que viene.

¿Cómo definirías hoy el rock?

No hay mejor definición que la que alguna vez dio Virus: “Es una forma de ser”. Es una frase muy simple pero profunda. No lo interpreto como un género musical, es una actitud. Es como te paras ante la vida. Es un concepto que excedió lo musical. Me siento un rockero y no toco ningún instrumento. Si vas al purista esto le resulta una barbaridad.