CONSTANZO ES UN DIBUJANTE Y CARICATURISTA CON MÁS DE 25 AÑOS DE CARRERA Y SUS TRABAJOS RELACIONADOS CON EL CINE, LA MÚSICA, EL FÚTBOL Y LA LITERATURA ESTÁN EN TODOS LADOS. COLABORÓ EN MEDIOS NACIONALES E INTERNACIONALES COMO ROLLING STONE, THE GUARDIAN, OLÉ y VANITY FAIR, ENTRE OTROS. HOY, ES EL ILUSTRADOR DETRÁS DE LA NUEVA BOTELLA DE ABSOLUT BUENOS AIRES.

Texto. Florencia Garibaldi / Fotos. Ana Grucki


La revista MAD fue una de tus grandes influencias. ¿Cuándo agarraste un lápiz por primera vez?

Hay varias puntas que tienen que ver con el origen. Vengo de una casa con dos padres artistas plásticos. Tenía a disposición todos los elementos y además verlos trabajar a ellos era un estímulo, aunque no es condición sine qua non ser dibujante por disposición sanguínea. Lo de la revista MAD también fue una influencia, en el 81 llegó una versión argentina, que duró dos años y la dictadura ni se dio cuenta que se estaba publicando, eso que tenía chistes jodidos. A los doce empecé a comprar la revista Humor, donde me topé con la escuela argentina de grandes dibujantes y aprendí un montón. A los 15 estudié humor gráfico en paralelo al secundario y tuve grandes maestros. Mi primer laburo fue en plena híper inflación (se ríe). Lo primero que publiqué fue en una revista de crochet, tenía la obsesión de que quería ver mis dibujos en papel. Después ya me dediqué a los temas que sí me gustaban y me salían mejor. Elegí el camino largo, pero no me arrepiento.

¿Por qué te costó tanto encontrar tu estilo?

En el 2000 me fui a buscar trabajo afuera y llevé una carpeta con cinco estilos diferentes. Cuando llegué a España, el gallego que me recibió me preguntó: “¿Cuál sos vos?”. Y me dijo que defina un estilo porque si no, no me iban a conocer con tanta competencia. Tenía razón. Cuando me aboqué a uno solo, las cosas fueron mejor y me encarrilé en madurarlo. Aunque cada tanto voy mutando de piel. Lo digital lo que hizo fue igualarnos a todos para bien y para mal. Se afana más fácil. Entonces, lo que estoy tratando en estos tiempos digitales es de destacar el pensamiento y que el dibujo tenga un vuelo conceptual.

¿Te acordás cuál fue el primer dibujo que vendiste?

El que publiqué en la revista 13/20 en una nota de psicología. Me acuerdo hasta que compré el ejemplar en Paseo Colón, lo tengo aún. En algún momento haré una exposición retrospectiva, hay muchas cosas que nadie sabe que hice porque parece que todo hubiera nacido con las redes sociales, ya ni siquiera con Internet.

Hace un tiempo creaste un dibujo de Marcelo Bielsa que llegó a los fanáticos del Athletic Club de Bilbao. ¿Cómo derivó eso en la careta del jugador símbolo Mikel San José que sacó al equipo adelante después de 31 años de frustraciones?

Es un fenómeno muy de Internet y de hecho ahora en septiembre voy a viajar para conocer a los jugadores y a los fanáticos. Soy fan de Bielsa y lo había dibujado para Olé, después lo hice en formato paper toy para la web. Cuando Bielsa dirigía el Athletic, los fans tomaron el dibujo. Bielsa había generado una empatía muy particular con el pueblo vasco. Una compañera  del diario vio en televisión que en la tribuna estaba mi dibujo en una careta gigante y me mandó una foto. Empecé a googlear y encontré que tenían una página, les escribí y quedamos en contacto. Dos años después, me encargaron exclusivamente a este jugador. El equipo empezó a ganar, a pasar a ciertas finales, y la llevaban a todos lados,  hasta que terminó en el micro con los jugadores. El propio Mikel se sacó una foto con su careta. En Twitter me sigue medio pueblo vasco (risas). Ahora quiero ir a Bilbao a verlos.

¿Qué hay detrás de los dibujos de la nueva botella de Absolut exclusiva para Buenos Aires?

En diciembre 2014 mandé el dibujo, hacía tres años estaban laburando en  el concepto y habían llegado a la idea de que la botella no tenía que tener dibujada al obelisco, sino que la botella sea el obelisco. Cuando me convocaron me preguntaron: “Si te subís a la punta del obelisco, ¿qué ves?”. Entonces, mezclamos un montón de cosas. Está hecha para el porteño, no es una versión for export. Cada botella se vende en la ciudad de origen, y no en el resto del mundo. Fuimos trabajando detalles, como por ejemplo la perspectiva de la calle corrientes. Como querían conservar el concepto de “cocktail city”, logré hacer una copa con la intersección de las calles. Intenté meter a Borges, los colores de La Boca, la cuestión laberíntica, y los elementos más evidentes.