Malas palabras, fantasías con otras personas, relatos imaginarios. El habla durante el encuentro sexual abarca tantas posibilidades como parejas y personas. Se pone en juego el deseo, la creatividad y la posibilidad de crear otra escena posible por fuera de esa relación. Es usar el lenguaje como una herramienta erotizante. Y los prejuicios, quedan afuera.

Texto. Nadia Barreiro / Ilustración. Brunancio


Vamos a faltarnos el respeto usando el alfabeto completo”. Así, sin vueltas, y con un zafado imperativo, en la canción Mala Suerte con el 13, la banda Calle 13 se dirige directo al habla en el sexo, es decir, sobre lo dicho en la relación sexual. Pero no apunta a las palabras de amor -del clásico “te amo”, “me gustás” y otras frases románticas- sino a otro costado erótico de la sexualidad: a las malas palabras, las fantasías prohibidas, o al ratoneo un poco más atrevido, que a veces puede incomodar, dependiendo siempre del vínculo de pareja y las personalidades.

“Es que yo fui criado por los animales, sin modales”, sigue incentivando la letra en cuestión (didáctica en algunos pasajes, y no apta para escuchar en familia en otros), y genera la pregunta sobre cuánto de lo más primitivo u ordinario puede interferir en la relación sexual.

Dale, mi amor, yo te actúo

Ejemplos puede haber miles. En medio del encuentro sexual, se puede pedir que se relate una escena con otra persona. Puede haber malas palabras de todo tipo y color. Hablar de atrevidas fantasías o simular roles varios con disfraces incluidos y más. Punto en el que entran las cualidades más actorales de cada uno, como para sacarle punta a los Andrea del Boca y Arnaldo André que todos llevamos dentro.

Ahora bien, ¿qué se juega en estas escenas? En primer término, se puede ubicar algo del orden de la fantasía, el hacer como si o imaginar qué, concretar algo en otra dimensión por fuera de lo real. Implica poner el deseo en movimiento con otro recurso.

Sigmund Freud se ocupó en varias ocasiones de este tema. En El poeta y los sueños diurnos, el psicoanalista habla de la creación de fantasías o sueños diurnos en los que el sujeto “se crea un mundo fantástico”, “ensoñaciones que son realizaciones de deseos”. Y agrega otro punto: “Además de tales fantasías conscientes, existen otras que por su contenido y su procedencia material reprimido tiene que permanecer inconscientes”. O sea que siempre hay mucho que hablar, tanto fuera como dentro de la cama, pero también, claro, hay mucho que callar. 

Es que el sexo es cuerpo (quizás lo primordial), pero también puede ser imaginación, palabras y acciones que permiten jugar a lo que uno quiera ser. ¿O acaso somos uno sólo, de igual modo en todas las circunstancias de la vida?

Lo que se crea con el discurso dentro de la relación sexual es la posibilidad de que aparezca otra escena con el “Otro” allí presente, construyendo entre los dos las condiciones para que así suceda. “El deseo sexual es social, porque exige la presencia de otro ser humano”, indica Zygmunt Bauman en el libro Amor líquido. Y si esta relación se acepta el código, nadie podría objetarlo.

No hay verdad ni mentira

Ahora bien, si una persona le pide a su pareja que, por ejemplo, le cuente un encuentro sexual con algún sujeto que lo erotiza, pero que jamás ocurrió. Y frente al pedido, la persona inventa tal situación, ¿es una mentira? No, nada de eso. Las escenas creadas con el discurso, así como los roles, generan un “efecto de verdad”, como ocurre con el cine, la literatura o el teatro. Cada vez que accedemos a estos relatos, sabemos que allí no hay verdad fáctica, aunque tampoco hay ocultamiento o mentira.

Lo que sucede traspasa estos dos órdenes. E incluso el efecto erótico de la fantasía funciona, simplemente, porque la creemos. Claro que todo depende de la personalidad de cada uno. “Hay personas que no saben jugar con las fantasías y las confunden con datos reales. Y no es raro que pregunten: ¿y con quién hiciste eso?”, analiza el sexólogo y psiquiatra Walter Ghedin en una columna periodística. 

El habla “estimula los sentidos y representa un acto de congruencia con los deseos: siento y digo. El secreto está en cómo se dice y cuánto se dice”, agrega. Así las cosas, verborrágicos, por favor abstenerse.

Toquémonos más

Habrá quienes prefieran un susurro de amor, otros un lenguaje más sucio, y otros sólo decir lo que piensan.

Volviendo al comienzo, en cuanto a música también hay para todos los gustos. Si en la canción citada, Calle 13 planteaba “faltarse el respeto” usando la mala palabra, también existe una versión que ilustra casi lo mismo, pero con un tinte más romántico. ¨Si el lenguaje es otra piel, toquémonos más, con mensajes de deseo”, canta Gustavo Cerati en el tema Otra piel.

Encuentro con el “Otro”, fantasías, ficciones, creatividad. Mente y  cuerpo al servicio del placer. Una frase hilarante del siempre ocurrente director de cine Woody Allen hace una síntesis perfecta de estos elementos: “Mi cerebro es mi segundo órgano favorito”.